Francisco Isidro volvió a trepar un árbol de palta al día siguiente de que se levantara la alerta de seguridad que había frenado las exportaciones hacia Estados Unidos. En minutos, ya había completado una caja lista para salir del estado de Michoacán

El regreso fue celebrado en los campos y en las plantas de empaque, donde los trabajadores recuperaron sus jornales y los envíos retomaron el ritmo habitual. También regresaron los inspectores que certifican la fruta antes de su ingreso al mercado estadounidense

Un sector que quedó en pausa

La restricción había paralizado la actividad durante ocho días en Michoacán, la principal zona productora de palta de México y un territorio donde operan varios grupos criminales. La orden dejó en suspenso a unas 200.000 personas vinculadas a la industria

Las autoridades no informaron qué amenaza activó la alerta. En una región marcada por extorsiones, robos de camiones y ataques contra trabajadores, las posibilidades son muchas

La cosecha depende de la certificación

La cadena exportadora está atravesada por controles sanitarios y de seguridad. Los cosechadores certificados deben desinfectar herramientas, manipular el fruto con cuidado y reportar daños o manchas. Luego, la fruta pasa por plantas de empaque, donde se revisa su calidad y la presencia de plagas

Más de 80% de las paltas mexicanas se venden en Estados Unidos, por lo que cualquier interrupción afecta a productores, transportistas, empacadores e inspectores. En temporadas de alta demanda, como antes del Super Bowl, el flujo diario alcanza miles de toneladas

La violencia no desaparece

Algunos productores confían en que el refuerzo de tropas y las detenciones recientes reduzcan las amenazas. Otros creen que la calma puede durar poco

Luis Manuel Soto, productor y empacador de la zona occidental de Michoacán, asegura que ha sufrido amenazas de muerte, intentos de extorsión y presiones para abandonar una denuncia. Dice que los mensajes intimidatorios continuaron incluso después de una condena vinculada a su caso

En Santa Ana Zirosto y comunidades cercanas, la presencia militar genera alivio, pero también preocupación. Para muchos vecinos, la reapertura de las exportaciones devuelve el trabajo; la incertidumbre, en cambio, sigue instalada en los huertos