Las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en el sur de Texas encendieron las alarmas en la construcción residencial. La presencia de agentes federales en obras y zonas habitacionales alteró la rutina de los trabajadores y complicó el avance de proyectos en una de las áreas más activas del estado

Una industria sostenida por mano de obra inmigrante

En Texas, más de 630.000 inmigrantes participan en la construcción, cerca del 40% de la fuerza laboral del sector. Tras un operativo sorpresa del 18 de agosto en una zona residencial, varios obreros salieron corriendo para evitar detenciones y muchos dejaron de presentarse a sus puestos por temor a una deportación

Vecinos registraron la escena y denunciaron que uno de los jornaleros fue reducido con violencia antes de ser subido a un vehículo oficial. El episodio reforzó el clima de miedo entre los trabajadores, que ahora dudan en volver a las obras pese a la necesidad de mantener sus ingresos

Demoras, más costos y viviendas más caras

La ausencia de personal puede frenar el ritmo de construcción y encarecer los proyectos. Los empresarios del sector advierten que los retrasos elevan los costos de producción, mientras los créditos bancarios siguen acumulando intereses aunque la obra avance más lento

Mario Guerrero, presidente de la Asociación de Constructores del Sur de Texas, señaló que las entidades financieras aplican esos cargos de forma automática incluso cuando hay demoras. Al final, esos sobrecostos terminan trasladándose al precio de venta de las viviendas

Entre los trabajadores también crece la angustia. Un jornalero hondureño dijo que sigue saliendo a trabajar porque necesita sostenerse, aunque teme ser detenido y deportado. Hasta el momento, ICE no informó cuántas personas fueron arrestadas en estos operativos