El Reino Unido y Estados Unidos trabajan en una asociación para utilizar inteligencia artificial (IA) en la protección de infraestructuras clave frente a ataques cibernéticos

El anuncio fue realizado por el primer ministro británico, Andy Burnham, durante su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas

Burnham también señaló que los países miembros del G20 prevén comenzar en 2027 la elaboración de estándares de seguridad para la IA, cuando el Reino Unido asuma la presidencia del grupo

El objetivo será establecer principios y normas globales que favorezcan la transparencia, el acceso y una mayor preparación ante los riesgos tecnológicos, además de promover un desarrollo seguro de la inteligencia artificial

La iniciativa responde a un reclamo formulado por varios países, aunque enfrenta la oposición de Estados Unidos. El presidente Donald Trump considera que una regulación internacional podría limitar la soberanía nacional y ralentizar el crecimiento de la industria estadounidense de IA

El G20 está integrado por 19 países, la Unión Europea y la Unión Africana. El grupo fue creado después de la crisis financiera asiática de 1997-1998 con el propósito de fortalecer la estabilidad económica mundial

El Reino Unido lleva varios años trabajando en la evaluación y supervisión de los modelos de inteligencia artificial más avanzados, pese a no contar con empresas capaces de competir con los principales actores estadounidenses y chinos del sector

Hospitales británicos, entre los objetivos de los ataques

Las infraestructuras sanitarias del Reino Unido sufrieron varios ciberataques de gran escala. Los episodios registrados en 2017 y 2024 afectaron especialmente a decenas de hospitales, y algunos fueron atribuidos a grupos vinculados con Rusia

La postura de Burnham se diferenció de la expresada horas antes por Trump ante la misma Asamblea General. El presidente estadounidense rechazó cualquier iniciativa global destinada a controlar la inteligencia artificial

Un día antes, dirigentes de más de 20 países, entre ellos Canadá, Alemania y Australia, habían respaldado una mayor supervisión de esta tecnología y planteado la posibilidad de crear un organismo internacional de regulación bajo los auspicios de la ONU