Comprar una propiedad en remate puede ofrecer un valor inferior al de una operación tradicional. Sin embargo, el ahorro definitivo no se define únicamente por el precio de base: también influyen la modalidad de la subasta, la situación de ocupación, las deudas y los gastos posteriores a la adjudicación
El precio inicial no es el costo final
En los remates judiciales suelen encontrarse las bases más bajas. En CABA, una propiedad publicada en el mercado por US$80.000 puede salir con una base de US$40.000 o menos. En procesos vinculados con sucesiones, ejecuciones hipotecarias o herencias vacantes, la diferencia inicial puede ubicarse entre el 40% y el 60%
Durante la subasta, las ofertas pueden elevar el valor entre un 10% y un 30%, según la demanda y la ubicación. Aun con ese incremento, el inmueble suele adjudicarse por debajo del precio de mercado
En los remates extrajudiciales, la brecha suele ser menor, aunque todavía significativa: el precio puede ubicarse entre un 20% y un 40% por debajo del correspondiente a una operación tradicional
La ocupación modifica el nivel de riesgo
Las propiedades desocupadas suelen despertar mayor interés y, por eso, su precio final tiende a acercarse al valor de mercado. En cambio, los inmuebles ocupados por copropietarios, familiares o terceros suelen venderse por menos debido a los tiempos y costos necesarios para obtener la posesión
En estos casos, el ahorro puede superar el 50%. No obstante, el comprador debe prever honorarios legales, tasas judiciales y el plazo que demandará recuperar el uso efectivo de la propiedad
En los remates por división de condominio, el ocupante suele ser uno de los copropietarios. Esto puede reducir el riesgo de conflicto, pero no elimina la necesidad de gestionar la entrega del inmueble después de la adjudicación
Deudas y refacciones que reducen la ventaja
Las expensas y tasas impagas también deben incorporarse al cálculo. En algunos remates judiciales, las deudas acumuladas pueden representar entre US$1000 y US$5000, según el edificio y el tipo de juicio
En las subastas extrajudiciales, las obligaciones pendientes suelen estar más ordenadas, lo que disminuye la incertidumbre y limita los costos adicionales
El estado de conservación es otro aspecto decisivo. Algunas unidades requieren trabajos de electricidad, gas, sanitarios, pintura o carpintería. Según la antigüedad y las condiciones generales, las reformas pueden representar entre un 5% y un 20% del valor del inmueble
Cuánto ahorro puede quedar después de todos los gastos
Cuando se trata de propiedades desocupadas y sin deudas relevantes, el ahorro efectivo suele ubicarse entre el 20% y el 35% respecto del mercado
En inmuebles ocupados, con deudas o que necesitan refacciones, la diferencia puede crecer hasta situarse entre el 40% y el 60%, e incluso superar ese rango en situaciones excepcionales
Las mayores rebajas suelen aparecer en unidades con ocupación prolongada o en sucesiones con precios de base especialmente bajos. En esos casos, el comprador puede acceder a valores difíciles de encontrar en una operación tradicional, aunque a cambio debe asumir más trámites, tiempo y costos