La morosidad en la Argentina atraviesa a millones de personas, aunque sus características están lejos de ser uniformes. Los datos correspondientes a junio de 2026 registran 5.859.104 deudores con pagos atrasados por un total de $17,79 billones, equivalente al 15,5% del crédito total del sistema financiero
La distribución de esa deuda muestra diferencias significativas. El 17% de los morosos debe menos de $100.000 y casi el 40% tiene obligaciones inferiores a un salario mínimo. En el extremo opuesto, el 14,5% de los deudores concentra el 73% del dinero en mora
Los jóvenes de entre 18 y 25 años presentan, además, la tasa de incumplimiento más elevada. También existen diferencias entre los prestamistas: los bancos públicos y privados reúnen cerca del 65% del monto total adeudado, mientras que las fintechs, los supermercados y los prestamistas no bancarios alcanzan a más personas, aunque con deudas individuales considerablemente menores
Un problema con causas diversas
Los datos actualizados a julio de 2026 muestran leves aumentos en los indicadores, pero no modifican la conclusión de que no existe una crisis sistémica de endeudamiento. Un incremento de la mora no implica necesariamente un fenómeno homogéneo ni una respuesta única
Entre las causas posibles aparecen el mayor peso de los servicios públicos en los presupuestos familiares, el retraso de salarios y jubilaciones frente a la inflación, el crecimiento de la ludopatía entre los jóvenes y el uso de tarjetas de crédito para financiar emprendimientos
También inciden la desaceleración de la inflación, que reduce la posibilidad de licuar deudas en pesos, y la falta de educación financiera para evaluar el costo real de los préstamos
No es equivalente una deuda de consumo de bajo monto, una tarjeta utilizada para iniciar un pequeño negocio o un crédito bancario de gran magnitud. Tampoco enfrentan la misma situación un joven sobreendeudado y un hogar cuyos ingresos perdieron poder adquisitivo
El costo de las respuestas generales
La Argentina tiene antecedentes de intervenciones estatales que modificaron contratos de crédito y ahorro. En 1982, la estatización de la deuda privada, formalizada mediante la Circular A 251 del Banco Central, trasladó al Estado vencimientos en dólares de empresas privadas por aproximadamente US$15.000 millones
Esas obligaciones fueron canceladas en pesos al tipo de cambio oficial, mientras el Banco Central asumió la deuda en moneda extranjera
La medida benefició principalmente a grandes grupos económicos y tuvo un elevado costo fiscal. Otros episodios fueron el plan Bonex de 1989, el corralito de diciembre de 2001, el default de la deuda pública declarado por el Congreso Nacional el 23 de diciembre de ese año y el corralón, junto con la pesificación asimétrica, en 2002
Aunque cada caso tuvo características propias, esas decisiones alteraron las reglas originales de los contratos financieros y afectaron durante años la confianza en el sistema. Las soluciones masivas pueden trasladar costos a otros actores y generar consecuencias de largo plazo sobre el crédito
Acuerdos y políticas específicas
En la mayoría de los casos, la salida debería construirse mediante acuerdos entre acreedores y deudores, de acuerdo con las características de cada préstamo. La extensión de los plazos, la reducción de las tasas, las quitas parciales, la condonación de intereses punitorios y el reconocimiento contable de pérdidas forman parte de las herramientas disponibles
El Estado también puede contribuir sin modificar los contratos. Entre las alternativas se encuentran una baja de las tasas de interés asociada a una menor inflación, la eliminación del impuesto sobre los ingresos brutos aplicado a los intereses de los préstamos, una mayor transparencia sobre el costo financiero y medidas más eficaces contra el juego ilegal en redes sociales, especialmente entre los jóvenes
El desafío no consiste en encontrar una solución mágica, sino en reconocer que bajo el concepto de morosidad conviven millones de situaciones diferentes. Si el diagnóstico es heterogéneo, las respuestas también deberían serlo