En una jornada de calor extremo en Pilar, provincia de Buenos Aires, una médica veterinaria advirtió una escena alarmante: una potranca de apenas dos años y medio arrastraba un carro cargado con tres toneladas de autopartes. Su estado era tan delicado que la profesional se interpuso para frenar la marcha y dar aviso a las autoridades y a organizaciones de protección animal
La yegua, llamada Gitana, fue trasladada a un santuario tras mostrar taquicardia, dolores intensos y signos de agotamiento extremo. Allí, los veterinarios comprobaron que estaba desnutrida, con herraduras mal colocadas y afectaciones en músculos y columna. También confirmaron que cursaba un embarazo de entre cinco y seis meses
Una disputa legal por la tenencia
Mientras la potranca recibía asistencia, comenzó otra pelea: la de su tutela. El hombre que decía ser su dueño reclamó la restitución del animal y de la cría que llevaba en su vientre. Sin embargo, la documentación presentada no alcanzó para probar una propiedad válida y la causa avanzó con informes veterinarios que describieron el maltrato sufrido
La abogada Marcela Riccio sostuvo que los elementos reunidos en el expediente acreditaron que Gitana fue obligada a traccionar un carro en estado de preñez, desnutrición y sobreexigencia, una conducta encuadrada como maltrato por la Ley 14.346. La fiscalía entendió que devolverla al reclamante podía exponerla a nuevas agresiones y privó al denunciante de cualquier derecho sobre la yegua y su cría
Del miedo al cuidado
Los primeros días en el santuario estuvieron marcados por la debilidad, el temor y la desconfianza. Con tratamiento veterinario y atención constante, Gitana comenzó a recuperarse física y emocionalmente. Con el paso del tiempo, su comportamiento cambió y logró adaptarse a un entorno seguro
La defensa de la yegua y de su futura cría insistió en que no se trataba de un bien mueble, sino de seres sintientes con derechos. El juez hizo lugar a ese criterio y resolvió otorgar la tenencia definitiva de Gitana y de Lluvia al Centro de Prevención de Crueldad Animal, para garantizar su protección y evitar que volvieran a ser usadas para trabajo con tracción a sangre
El nacimiento de Lluvia del Cielo
Tres meses después del rescate, Gitana dio a luz a una potranca llamada Lluvia del Cielo. El parto fue asistido por el estado de salud de la madre y por las complicaciones derivadas del esfuerzo previo, el maltrato recibido y el estrés durante la gestación
Lluvia nació con problemas de desarrollo y necesitó cuidados especiales. Recibió atención intensiva y un entorno cálido y protegido para favorecer su evolución. Madre e hija crecieron juntas en el santuario y, con el tiempo, consolidaron un vínculo sano y estable
Un caso que impulsó un proyecto propio
La resolución judicial se convirtió en un antecedente relevante en materia de derecho animal al reconocer a los caballos como sujetos de derecho y no como objetos de propiedad. Ese criterio fortaleció la protección de su integridad física y psíquica frente a intereses humanos
Con ese trasfondo, la concejal Adriana Cáceres, el santuario Jaulas Vacías y la abogada Marcela Riccio presentaron el proyecto de ordenanza “Gitana y Lluvia”, enfocado en la problemática de la tracción a sangre. La iniciativa propone alternativas laborales para los carreros y adopciones responsables para los animales rescatados
Hoy Gitana y Lluvia viven en libertad en el santuario junto a otros animales rescatados del maltrato, el abandono y distintas formas de explotación. Entre juegos, alimento y descanso, madre e hija representan un caso que combinó rescate, decisión judicial y una nueva vida lejos del sufrimiento