Ruth Ramos entra a la temporada de los Premios Ariel con un recorrido poco habitual: el de una película que creció durante años antes de llegar a la pantalla. En La eterna adolescente, la actriz interpreta a Tati, una joven que pone en movimiento una historia familiar atravesada por silencios, memorias guardadas y material doméstico rescatado del pasado

Un personaje que se fue formando con el tiempo

Ramos leyó el guion cuando el proyecto apenas comenzaba, siguió el proceso mientras la producción atravesaba la pandemia y volvió al set para terminar de construir a su personaje. Esa pausa prolongada hizo que la película se desarrollara también fuera del rodaje, con ensayos, laboratorios e improvisaciones que ayudaron a delinear los vínculos entre los integrantes de una familia marcada por pérdidas no resueltas

La actriz explicó que Tati no se presenta como una figura confrontativa, sino como alguien impulsado por la curiosidad y por la necesidad de entender aquello que los adultos prefieren dejar fuera de conversación

Guadalajara como punto de partida

Originaria de Tijuana, Ramos se instaló en Guadalajara para estudiar artes escénicas en el CUAAD de la UdeG. Desde ahí comenzó a sumar trabajos con colectivos teatrales y sus primeros créditos frente a cámara en cortometrajes, antes de ampliar su trayectoria en largometrajes como La región salvaje, La incertidumbre, Canción de invierno, Fractal, Corina y Soy Mario

Su vínculo con Eduardo Esquivel nació dentro de la comunidad cinematográfica tapatía. Entre 2018 y 2019 recibió la propuesta para interpretar a Tati, un personaje que dialoga con la memoria familiar y con una casa llena de objetos, fotografías y registros que conservan la presencia de una tía ausente

Una casa convertida en archivo emocional

La casa donde transcurre la historia funciona como algo más que un escenario. Sus muebles, adornos, álbumes y objetos acumulados construyen un espacio cargado de capas afectivas. En ese entorno, las cintas VHS ocupan un lugar central: cumpleaños, vacaciones, bodas y escenas cotidianas aparecen con la textura de las grabaciones domésticas de los años ochenta y noventa

La producción también pidió a los integrantes del elenco que llevaran fotos de sus propias familias. Esas imágenes quedaron distribuidas por el set y reforzaron la mezcla entre ficción y memoria real. En el caso de Ramos, ese gesto tuvo un efecto particular, porque descubrió que conservaba pocos registros de su infancia, algo que terminó dialogando con la nostalgia de su personaje

La nostalgia como medida

Ramos reconoce una relación antigua con los recuerdos materiales. De niña guardaba fotografías y pequeños objetos, aunque con el tiempo aprendió a mirar esa inclinación con más distancia. Para ella, la memoria puede ser refugio, pero también un lugar donde quedarse detenido. Por eso habla de la necesidad de equilibrar el recuerdo con el presente

Desde esa mirada, vincula la idea de una "eterna adolescente" con las personas que conservan curiosidad, misterio y deseo de seguir explorando el mundo. En la película, esa sensibilidad también atraviesa a un cineasta que vuelve sobre su propia historia familiar para hablar, desde la ficción, de lo que quedó sin decir

La nominación y lo que viene

La noticia de su nominación al Ariel llegó en una tarde de básquetbol, cuando revisó el celular después del partido. Ramos compite por Mejor Coactuación Femenina junto con Arcelia Ramírez, Teresita Sánchez, Margarita Sanz y Ángeles Cruz. La nominación se suma a la de Emma Dib, y para la actriz también reconoce el trabajo de un equipo que sostuvo la película durante un proceso largo y complejo

La eterna adolescente, ópera prima de Eduardo Esquivel, reúne elementos que parecen opuestos: tarot y catolicismo, sexualidad, tristeza contenida y rebeldía. Para Ramos, ese cruce hizo que el proyecto fuera especialmente significativo

Mientras espera la ceremonia del 3 de octubre, ya se prepara para otro largometraje que también se filmará en Guadalajara, la ciudad donde encontró una parte esencial de su trayectoria