En el Caribe colombiano, a unas dos horas en barco desde Cartagena de Indias o una hora desde Tolú, aparece Santa Cruz del Islote: una porción de tierra artificial de apenas 0,01 km² donde viven alrededor de 800 personas

Su fama no proviene de un récord oficial, pero sí de una realidad contundente: es presentada como la isla más densamente poblada del mundo y recibe cientos de visitantes cada día

Un asentamiento levantado sobre el arrecife

La historia del lugar se remonta a fines del siglo XIX, cuando pescadores de la zona comenzaron a instalarse sobre un arrecife de coral. Con piedras, escombros y otros materiales fueron ganando espacio al mar hasta consolidar sus primeras viviendas

Con el paso de las generaciones, la comunidad siguió creciendo dentro de un territorio mínimo y sin expansión posible

Vida sin playa ni autos

El islote integra el Archipiélago de San Bernardo, en el Caribe colombiano. Pese a estar rodeado de aguas claras, no tiene playa, casi no hay vegetación y tampoco dispone de tierra fértil ni agua dulce

Solo se ven algunos árboles y macetas en las casas. A cambio, casi no hay mosquitos. El territorio se organiza en cuatro calles principales, rodeadas por viviendas y botes amarrados en los bordes. No circulan autos ni motos

Según los datos difundidos sobre la isla, allí viven 146 familias. El 60% de los habitantes son niños y adolescentes, que pasan sus días entre la pesca, el boxeo, el fútbol y el mar

Turismo en crecimiento

La economía sigue apoyada sobre todo en la pesca, pero el turismo gana cada vez más peso. Cada día llegan cerca de 500 visitantes, aunque la oferta para alojarlos es muy reducida: hay cuatro hostales modestos con unas veinte camas en total

Las visitas guiadas duran unos 25 minutos, repasan la historia del lugar y cuestan poco más de dos dólares. Ese ingreso, según se indica en la comunidad, se destina al cuidado ambiental

La isla tiene 146 casas, cuatro almacenes, un centro de salud, una iglesia y una escuela de tres pisos, el edificio más alto del islote. En 2024, ese establecimiento recibía a 226 chicos en dos turnos

Escasez y soluciones precarias

La falta de espacio es una constante. Los chicos juegan al fútbol en la calle principal, de 15 por 6 metros, que también funciona como plaza central. Los mayores suelen reunirse en “la gallera”, donde se realizan riñas de gallos con apuestas

No hay cementerio. Cuando alguien muere, el cortejo recorre las calles y luego el féretro es trasladado en embarcación hacia Tintipán, la isla más cercana, de 80 hectáreas

Los problemas más urgentes siguen siendo los recursos básicos. El agua potable llega desde una cisterna comunitaria y de la recolección de lluvia en bidones. Cuando se agota, se pide ayuda a Cartagena de Indias para que un buque de la Armada transporte agua, una operación que puede tardar hasta tres días

La electricidad proviene de una planta a combustible durante la noche y de paneles solares donados por Japón, que aportan cuatro horas de servicio por la tarde

Con el avance del turismo, también se volvió más difícil manejar la basura. Ante ese escenario, los isleños empezaron a incorporar prácticas de reciclaje