Sarah Ferguson ha reaparecido en el centro de la atención pública después de varios meses de bajo . Distintas informaciones apuntan a que la exduquesa de York estaría pasando el verano en Verbier, en la villa que perteneció a Paddy McNally, su antigua pareja y amigo de confianza
La elección de ese rincón de los Alpes suizos no sería casual. Fuera de la temporada de esquí, Verbier ofrece un ambiente tranquilo, con menos visitantes y más privacidad, algo que encajaría con el deseo de Ferguson de mantenerse alejada del ruido mediático
Un vínculo que duró décadas
Ferguson y McNally mantuvieron una relación sentimental entre 1982 y 1985, aunque el vínculo entre ambos se prolongó mucho más allá de esa etapa. Se conocieron precisamente en Verbier, donde ella trabajaba como niñera de los dos hijos de él tras la muerte de su esposa
Con el tiempo, la relación evolucionó hacia una amistad sólida. McNally llegó a ofrecer a Ferguson y a sus hijas distintas propiedades en Europa, una muestra del apoyo personal que mantuvieron durante años
Duelo, silencio y discreción
La muerte de McNally, ocurrida el 22 de julio a los 88 años tras una larga enfermedad, habría marcado un punto de inflexión. Para Ferguson, ese entorno familiar y reservado podría funcionar como refugio en un momento de duelo y distancia pública
La exduquesa, de 66 años, no se deja ver en público desde diciembre de 2025, cuando fue fotografiada camino al bautizo de Athena, la segunda hija de Beatriz. Desde entonces no han trascendido nuevas imágenes ni declaraciones directas suyas
La herencia, bajo sospecha
La fortuna de McNally, vinculada en gran parte a la venta de su empresa de hospitalidad en la Fórmula 1, ha vuelto a despertar interés tras su fallecimiento. Su patrimonio se ha estimado en torno a 702.000 millones de euros, una cifra que ha alimentado rumores sobre una posible herencia para Ferguson
Aun así, todo apunta a que esa posibilidad sería remota. Durante su vida, McNally ya habría sido generoso con ella, sin necesidad de dejarle un legado formal. Por ahora, lo único claro es que Verbier vuelve a ocupar un lugar central en la historia personal de Ferguson