Vrana no es solo un lugar ligado a la memoria de Simeón II de Bulgaria. También forma parte del patrimonio paisajístico e histórico del país, y ahora vuelve al centro de la polémica por su estado de conservación
Una alerta por abandono y riesgo
La Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico Zar Boris y Zarina Ioanna, impulsada por la familia real búlgara y bajo el patronazgo honorario de Simeón II, ha reclamado a las autoridades de Sofía una actuación inmediata sobre el recinto
Según la entidad, las reuniones celebradas a comienzos de agosto no han dejado avances visibles. Denuncia que no se han realizado trabajos de mantenimiento en las últimas semanas, que no existe un plan público de actuación y que tampoco se han definido con claridad las responsabilidades de cada intervención
La preocupación no se limita al aspecto del parque. La fundación advierte de que el espacio ha sufrido varios incendios y de que hay deficiencias en los sistemas de prevención, entre ellas hidrantes que no funcionarían correctamente. A ello se suma una vigilancia que considera insuficiente para un área de estas dimensiones
Un jardín real convertido en legado nacional
Vrana ocupa cerca de un millón de metros cuadrados en las inmediaciones de Sofía y figura entre los grandes espacios verdes de la capital búlgara
Su transformación en jardín real comenzó a principios del siglo XX, cuando el zar Fernando I impulsó el proyecto movido por su afición a la botánica. En su diseño participaron jardineros y especialistas de distintos países europeos, con especies procedentes de varias partes del mundo, estanques, caminos y zonas dedicadas a colecciones botánicas
El conjunto acabó siendo residencia de la familia real y escenario de su vida privada, pero para Simeón II su vínculo es todavía más personal. Vivió allí hasta los nueve años, junto a su hermana María Luisa, en una infancia marcada también por la guerra y los bombardeos sobre Sofía
La historia de una familia y de un país
La muerte de Boris III en 1943 convirtió a Simeón, con solo seis años, en rey. Tres años después, la monarquía fue abolida y la familia abandonó Bulgaria. Vrana pasó entonces a manos del Estado y más tarde fue utilizada por las autoridades comunistas
La preocupación por el recinto llega poco después de que Simeón vendiera otra propiedad muy unida a su biografía: la llamada Villa del Zar, en Banya. La residencia, levantada para Boris III en 1929, fue adquirida por el empresario Georgi Samuilov por unos 2,5 millones de levas
La operación reavivó el debate sobre qué destino debe tener el legado arquitectónico y paisajístico vinculado a la antigua monarquía búlgara. Vrana vuelve ahora a situar esa discusión en primer plano