“Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto.” Así abre Siri Hustvedt Historias de fantasmas (2026), unas memorias atravesadas por la muerte del novelista, fallecido de cáncer de pulmón en abril de 2024, después de 41 años de matrimonio

La autora escribió el libro en once meses, entre mayo de 2024 y marzo de 2025, apenas dos semanas después de la pérdida. Para Hustvedt, el impulso fue inmediato: no pudo volver a la novela que tenía en marcha porque ya no se reconocía en ella como escritora

El resultado no es un relato lineal, sino una construcción quebrada que avanza y retrocede en el tiempo. En sus páginas aparecen diarios, correos a amigos y familiares, y también las cartas que Auster dejó a su nieto Miles para leer en el futuro

En esos textos, el escritor repasa la historia familiar, la crianza de su hija Sophie Auster y algunos hechos que marcaron a su generación, como el 11 de septiembre de 2001 y la pandemia de covid-19. Hustvedt describe el conjunto como un diálogo póstumo entre dos voces

La escritora explica que quiso imitar en la forma del libro la experiencia real del duelo. Al principio, dice, el tiempo quedó desordenado y la vida cotidiana se volvió inestable. En el texto aparecen frases breves que registran ese estado: dormir con pastillas, la ausencia de mensajes en fax, o la oscilación entre días sellados contra la pena y otros arrasados por la tormenta

Hustvedt también contrapone dos modos de escritura: lo inmediato y lo reflexivo. Por un lado, anotaciones tomadas durante la enfermedad de Auster; por el otro, pasajes más elaborados, alimentados por la filosofía, la literatura y la ciencia

El motivo del fantasma recorre todo el libro. La autora lo enlaza con obras previas suyas, como La mujer temblorosa o la historia de mis nervios y Madres, padres y demás, donde ya había trabajado la persistencia de presencias ausentes. En esta ocasión, la casa de Brooklyn donde vivió con Auster durante décadas se vuelve un espacio habitado por lo que ya no está

También los objetos adquieren otro peso. Hustvedt cuenta que el olor de una prenda de su marido le produjo una impresión inmediata, distinta de la memoria: no como pasado, sino como una presencia sensorial todavía activa

La lectura aparece en el libro como otra forma de conversación con los muertos. Hustvedt recuerda que Auster solía decir que pasaba mucho tiempo hablando con fantasmas, una idea que ella asume al pensar en su propia vida de lectora

El vínculo entre ambos fue también intelectual. Auster fue durante décadas su primer lector y editor interno. Hustvedt admite que todavía carga con parte de sus antiguas observaciones y que ese intercambio marcó su manera de revisar los textos

Las memorias incluyen además pasajes duros de la historia familiar, como la muerte de Ruby, la primera nieta de Auster, en 2021, y la posterior muerte de su padre, Daniel Auster. La autora aborda esos hechos con sobriedad y defiende que el pacto de la memoria exige verdad en la medida del conocimiento de quien escribe

La relación entre Hustvedt y Auster estuvo lejos de ser idealizada. Ella recuerda discusiones, diferencias de temperamento y una convivencia entre la terquedad de él y la sensibilidad de ella. Aun así, resume su matrimonio como un diálogo sostenido durante cuatro décadas

Hustvedt planea volver a la novela política que dejó inconclusa, ahora desde otro punto de partida. El manuscrito, dice, incluye una línea sobre eugenesia que adquirió nueva resonancia con el clima político actual en Estados Unidos

Sobre si Auster habría aprobado el libro, la respuesta de Hustvedt es simple: cree que le habría encantado