En El viento sopla donde quiere, Susanna Tamaro regresa a la novela epistolar para seguir la voz de Chiara, una mujer que escribe en soledad durante una noche de invierno, mientras espera un diagnóstico. En esas cartas dirigidas a sus dos hijas y a su marido, la autora italiana despliega la historia de una familia marcada por vínculos intensos, tensiones afectivas y diferencias de origen
Chiara repasa la convivencia con Alisha, su hija adoptiva llegada de la India; con Ginevra, su hija biológica; y con Davide, su pareja, un pediatra que logró rehacer su vida profesional después de una denuncia falsa que casi destruye su carrera. También afloran su propia infancia, la distancia emocional de sus padres y la elección de una vida atravesada por la memoria
La familia como centro narrativo
Para Tamaro, la familia sigue siendo un territorio literario decisivo. En su mirada, nadie elige nacer, pero todos quedamos hechos de herencias, fragilidades y recuerdos transmitidos entre generaciones. Esa trama, sostiene, concentra buena parte de las preguntas esenciales sobre el sentido de la vida
La novela también pone en juego el contraste entre el centro-sur y el norte de Italia. La autora subraya que en las regiones meridionales persisten redes familiares amplias y sólidas, mientras que en las zonas más prósperas predomina una estructura más reducida y expuesta al aislamiento. Esa diferencia atraviesa el matrimonio que narra el libro
Una mirada inquieta sobre el mundo
En sus reflexiones, Tamaro se muestra preocupada por el escenario global. Habla de una guerra extendida en múltiples frentes, de la expansión del poder tecnológico y del peso creciente de los algoritmos en la vida cotidiana. También advierte sobre el avance de la financiarización y sus efectos sobre la economía y los vínculos humanos
La escritora considera que el desafío de la literatura sigue siendo la sencillez: quitar lo innecesario para llegar a una lengua capaz de decir con claridad la experiencia humana. Por eso defiende una escritura depurada, sin ornamentos sobrantes, que pueda tocar temas universales sin perder intensidad
Escribir desde la experiencia
Tamaro contó que su vocación literaria surgió a los veintidós años, cuando pensaba dedicarse al cine. Aquella formación le dio herramientas para leer a los clásicos y entender sus mecanismos, pero la escritura terminó imponiéndose como un camino más posible que el universo del rodaje, especialmente en un entorno que, según recuerda, penalizaba a las mujeres
Hoy vive en el campo, cerca de Orvieto, rodeada de animales y dedicada a proyectos humanitarios. También explicó que todavía se recupera de un accidente sufrido hace dos años y que espera volver a escribir un libro que la entusiasme
Aunque lleva tiempo alejada de la vida pública, mantiene un vínculo afectivo con la Argentina y recuerda con cariño sus viajes y la primera entrevista que concedió para un diario argentino antes incluso de publicar su debut literario