El filósofo Darío Sztajnszrajber volvió sobre una de las definiciones más conocidas de Aristóteles para pensar qué significa decir la verdad en tiempos de posverdad. Según explicó, la formulación clásica exige correspondencia entre lo que se dice, lo que se piensa y lo que efectivamente hay
La verdad como correspondencia
En esa tradición, afirmó, es verdadero afirmar de lo que existe que existe y de lo que no existe que no existe. Cuando esa relación se invierte, sostuvo, aparece la falsedad. Para Sztajnszrajber, el punto más sugestivo es que Aristóteles pone el acento en el acto de decir, como puente entre lenguaje, pensamiento y realidad
El filósofo señaló que esa idea choca con el clima contemporáneo de la información, donde muchas veces pesan más los sesgos personales que la verificación. En ese marco, se preguntó quién puede realmente salir de sí mismo para comprobar objetivamente cómo son las cosas
Lo útil y lo existencial
Sztajnszrajber también diferenció las verdades cotidianas, ligadas al funcionamiento práctico, de aquellas que la filosofía persigue como búsqueda de sentido. Prender una canilla y que salga agua, o encender una luz y que responda, son ejemplos de verdades de uso inmediato
Pero, según planteó, no toda verdad se reduce a que algo funcione. La filosofía, dijo, abre otra clase de pregunta: una verdad más ontológica, más ligada a lo que las cosas son y al propósito que se busca cuando se habla de verdad