Un relevamiento sobre 2400 personas acompañadas entre 2016 y 2025 revela que la situación de calle no es patrimonio exclusivo de quienes quedaron fuera del sistema educativo o laboral. Entre los casos analizados aparecen personas con secundario completo, estudios terciarios y hasta universitarios, además de trayectorias marcadas por la informalidad, la violencia y la pérdida súbita de ingresos

Estudios, pero sin red de contención

El informe muestra que el 46,3% de quienes se acercaron a la fundación terminó la escuela secundaria y que el 17,8% llegó al nivel terciario o universitario. El dato refuerza una idea central: tener formación no garantiza estabilidad laboral, acceso a una vivienda ni protección frente a la exclusión

Entre los casos más duros aparece el de un ingeniero que pasó casi un año en la calle después de perder su empleo. Tras agotar intentos por volver a trabajar, no pudo seguir pagando el alquiler y terminó durmiendo en una plaza. La vergüenza y la falta de apoyos cercanos profundizaron su aislamiento

La informalidad como antesala de la exclusión

Otro de los hallazgos más fuertes del estudio es que casi 70% de la población relevada tuvo experiencias laborales informales. Esa condición implica haber trabajado sin derechos básicos como aguinaldo, cobertura médica o estabilidad, y suele dejar a las personas mucho más expuestas al momento de afrontar una mudanza, una pérdida de empleo o un aumento del alquiler

La organización define a estas trayectorias como una vulnerabilidad socio habitacional: hay personas que alternan entre paradores, plazas y hoteles familiares, y que pueden volver a la calle apenas se rompe un equilibrio precario. En el caso de las mujeres asistidas, 12% se fue de su hogar con hijos por situaciones de violencia de pareja

Prejuicios que no resisten los datos

El relevamiento también registra que 4,2% tenía antecedentes penales y 10,4% declaró problemas de consumo. Desde la organización señalan que esos números conviven con estereotipos muy extendidos sobre las personas en situación de calle, a las que con frecuencia se atribuyen vagancia o delincuencia como explicación única de su realidad

El acceso al trabajo, sin embargo, se vuelve mucho más difícil cuando faltan condiciones mínimas: ropa adecuada, alimentación, higiene, teléfono, conexión a internet o incluso una dirección para completar un currículum. A eso se suman obstáculos concretos como no tener carga en la tarjeta de transporte o no saber dónde buscar empleo

Un puente entre la calle y la entrevista laboral

La estrategia de acompañamiento se apoya en una red de más de 600 organizaciones sociales y también en articulación con el Estado. Comedores, merenderos, paradores y hogares derivan a personas que buscan trabajar. Luego vienen las primeras entrevistas, talleres para armar el currículum, preparación para entrevistas y capacitaciones en oficios y finanzas personales

La organización también actúa como enlace con empresas. Si un avanza, contactan al lugar donde la persona suele dormir o pasar sus días, ayudan con ropa, carga de SUBE y espacios para higienizarse antes de la entrevista. Según los datos que manejan, siete de cada 10 personas acompañadas logran reinsertarse y no vuelven a quedar fuera del sistema

Volver a proyectar futuro

Los cambios no se miden solo en un empleo. También se ven en la manera en que estas personas vuelven a pensarse a sí mismas. Quienes al principio responden que no tienen experiencia laboral terminan reconociendo changas, trabajos de albañilería o tareas informales que antes no consideraban empleo

Entre los casos recuperados aparece el de un ingeniero que terminó trabajando como tester de videojuegos y luego pasó a una multinacional, con un departamento alquilado en Belgrano y vínculo restablecido con su familia. También el de una pareja que llegó a Buenos Aires para tratar a su hijo en el Garrahan, atravesó la calle y después consiguió empleo en limpieza, asistencia y frigorífico

Para la organización, esa transformación resume el impacto de acompañar el acceso al trabajo: reconstruir ingresos, vínculos y horizonte