Un terremoto de 7,4 grados sacudió la región del Chocó y extendió sus efectos a ciudades como Cali y Manizales. Fue el movimiento sísmico más grave que afronta Colombia desde 1999 y dejó una escena de destrucción en pleno arranque de una nueva administración
Un golpe en plena transición
La emergencia alcanzó al gobierno apenas cuatro días después de la asunción presidencial. Sin una transición previa con la gestión anterior, el Ejecutivo debió enfrentar al mismo tiempo la coordinación de la respuesta, la atención de los damnificados y una situación social delicada, con un saldo que incluye casi 200 muertos, según el balance mencionado
En medio del caos, el presidente reconoció problemas de orden público y anunció un refuerzo de seguridad para las zonas afectadas. También informó el despliegue de más de mil hombres para resguardar la ciudad y evitar nuevos desmanes
Un sismo largo y destructivo
Especialistas geológicos confirmaron que el temblor duró 90 segundos, un lapso inusual para un evento de esta magnitud. La combinación entre la intensidad del sismo y las características del suelo aumentó el nivel de destrucción en la región
El movimiento también se percibió con fuerza en Ecuador y Venezuela. Además, se registraron más de 47 réplicas, una secuencia que mantuvo en alerta a la población y complicó aún más el panorama de emergencia
Ayuda externa y despliegue oficial
Mientras avanzaba la asistencia, distintos países comenzaron a ofrecer ayuda, entre ellos Estados Unidos, El Salvador y Panamá. A esa lista se sumó la colaboración anunciada por Argentina
La visita del presidente a las zonas más castigadas y el envío de ministros a distintos puntos afectados marcaron el inicio de una respuesta que, según el análisis citado, será una de las mayores pruebas de su mandato