BUENOS AIRES, Argentina — Por segunda vez en dos meses, el suelo tembló con fuerza en Sudamérica y las escenas se repitieron: pedidos desesperados en redes sociales, familias buscando a sus seres queridos entre edificios derrumbados y promesas de ayuda desde distintos gobiernos

Pero la diferencia entre el terremoto de 7,4 grados que sacudió a Colombia el lunes y los sismos que golpearon a Venezuela el 24 de junio fue evidente desde las primeras horas. En Venezuela, Delcy Rodríguez demoró casi cuatro horas en hablarle al país. En Colombia, Abelardo de la Espriella anunció en menos de una hora un puesto de comando para coordinar el rescate

Una respuesta rápida y con instituciones en marcha

En Venezuela, durante semanas, muchos vecinos removieron escombros con sus propias manos. En Colombia, pocas horas después del sismo, los equipos de rescate ya trabajaban con grúas, excavadoras y personal especializado

El gobierno colombiano ha rechazado por ahora el envío de brigadas extranjeras, salvo las procedentes de Estados Unidos, al sostener que cuenta con suficiente personal y que lo que requiere son insumos humanitarios

Para especialistas y trabajadores humanitarios, la comparación expone el peso de las instituciones, los recursos y el sistema político en una emergencia. También muestra que una catástrofe puede convertirse en una prueba inmediata de gobernabilidad

De la Espriella toma el control en medio de una transición tensa

De la Espriella, abogado conservador sin experiencia política previa, asumió la presidencia en Cali, la tercera ciudad más grande del país, menos de 72 horas antes del terremoto. El sismo afectó justamente a esa ciudad y a varias provincias que había prometido priorizar durante su campaña

Su llegada al poder ya estaba marcada por un conflicto con Gustavo Petro, primer presidente de izquierda en Colombia, que inicialmente se negó a reconocer su ajustado triunfo y denunció fraude. Esa disputa trabó la transición formal y dejó en manos de funcionarios cuestionados por el nuevo mandatario agencias clave, incluida la encargada del manejo de desastres

Pese a ese clima político, el aparato estatal respondió con continuidad. El nuevo presidente publicó un video a la hora del sismo en el que dijo que asumiría personalmente la conducción de la emergencia. Más tarde llegó a Bogotá para coordinar con funcionarios y agencias de ayuda

En las siguientes 36 horas, recorrió zonas afectadas en Quibdo, Cali y Pereira y envió ministros a otras áreas golpeadas

La reacción fue leída por trabajadores humanitarios como una muestra de que, aun con cambio de gobierno, las instituciones siguieron operando. Sin embargo, la respuesta no estuvo libre de críticas. La negativa a recibir equipos de rescate de otros países generó dudas sobre el manejo de la ayuda internacional, y la embajadora de China llegó a cuestionar públicamente quién coordinaba esa asistencia

Además, el terreno accidentado, la mala infraestructura y los cortes de comunicación han demorado los reportes oficiales. La cifra nacional de al menos 265 muertos y 500 desaparecidos sigue por detrás de los recuentos locales, mientras una base de datos independiente habla de más de 4.100 personas no ubicadas

Venezuela: una emergencia marcada por la desconfianza

En Venezuela, Rodríguez enfrentó el desastre con menos margen político del que sugería su larga trayectoria en el poder. Horas antes de que hablara por cadena nacional para declarar la emergencia, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, dio reportes de daños en televisión estatal, en una señal de competencia interna dentro del oficialismo

Cuando el gobierno dio su primer balance, informó 32 muertos, sin incluir La Guaira, el epicentro donde se concentró la peor destrucción

Muchas de las víctimas de esa zona vivían en complejos de vivienda construidos por el Estado durante el auge petrolero de comienzos de los años 2000, parte del programa habitacional subsidiado que se volvió una pieza central del sistema de reparto político del chavismo

Rodríguez permaneció un día completo en Caracas antes de visitar La Guaira. Durante la semana siguiente, el gobierno actualizó la cifra de muertos a diario, pero no informó cuántos desaparecidos había, lo que alimentó sospechas de subregistro mientras la población intentaba recuperar cuerpos sin maquinaria pesada

Más de seis semanas después, una base de datos opositora ampliamente citada calcula 29.000 personas no ubicadas. El gobierno, en cambio, actualiza el número de muertos una vez por semana; el último balance difundido el lunes fue de 6.301 fallecidos

La desconfianza ciudadana también creció por años de represión política y por las dificultades para acceder a información básica durante la emergencia. Para muchos venezolanos, resultó casi imposible saber qué ocurría, a dónde ir o cómo pedir ayuda

La comparación que incomoda

Incluso si la respuesta venezolana hubiese sido impecable, el impacto no necesariamente habría sido igual al de Colombia. Los sismos de Venezuela golpearon una zona densamente poblada al anochecer, mientras que en Colombia el terremoto afectó sobre todo áreas rurales durante el día

También es cierto que el balance completo de un desastre de esta magnitud tarda semanas en conocerse. Colombia apenas lleva unos días de respuesta y todavía hay miles de personas sin ubicar

Aun así, muchos venezolanos observan con asombro cómo el Estado colombiano logró poner en marcha recursos que en su país quedaron debilitados por años de crisis económica y migración masiva bajo el gobierno de Nicolás Maduro

Desde el primer momento, hubo transmisiones en vivo desde los lugares destruidos, autoridades locales informando sobre muertos y desaparecidos, y un despliegue visible de equipos y tecnología

Juan Mogollon, un venezolano de 28 años que vive en Orlando, Florida, supo por televisión que su primo de 16 años, José Juan Vivas, y los abuelos del joven estaban atrapados bajo los restos de un edificio en Cali. Vivas, residente permanente en Estados Unidos, vivía con ellos en Colombia después de que la familia dejara Venezuela

Después de haber visto en su país pedidos desesperados de rescatistas y maquinaria tras los sismos de junio, pensó lo peor. Pero en pocas horas vio imágenes del lugar con excavadoras, grúas, bomberos llegados desde Bogotá, perros de búsqueda y drones con cámaras térmicas

“Están preparados, tienen el equipo, tienen los protocolos, saben qué hacer”, dijo, todavía a la espera de saber si sus familiares sobrevivieron. “Eso es lo mínimo que deberíamos esperar como ciudadanos en cualquier país”