La eficiencia del transporte pesado en la Argentina está atravesada por una doble tensión: la falta de infraestructura logística y la necesidad de renovar un parque de camiones envejecido. En ese escenario, la matriz energética también empieza a ordenar las decisiones de inversión, con el gas como alternativa más concreta para el país

La discusión ya no pasa solo por incorporar nuevas tecnologías, sino por adaptarlas a cada mercado. En el caso argentino, la disponibilidad de gas asociada al desarrollo de Vaca Muerta aparece como el camino más viable, mientras que en Europa la transición hacia eléctricos avanza impulsada por regulación, aunque todavía con una adopción baja frente al diésel

Una logística que todavía está en construcción

El sector enfrenta además un problema estructural: la logística nacional aún tiene mucho por desarrollar. La integración entre fábrica, depósito, transporte de largo recorrido y última milla sigue siendo limitada, en contraste con mercados donde el sistema funciona de manera articulada entre camión, tren y avión

Ese punto se vuelve central en un contexto de crecimiento económico. Con una expansión estimada del 3% del PBI, aumentará el volumen de agro, petróleo y minería que debe moverse. Si infraestructura y logística no acompañan ese salto, el sistema pierde eficiencia y el crecimiento se frena

Flotas viejas y más competencia

La demanda de camiones de más de 16 toneladas ronda las 15.000 unidades al año. Sin embargo, durante los períodos de restricciones a las importaciones y al acceso a divisas, ese mercado cayó a 8.000 unidades, lo que dejó flotas obsoletas. El año pasado se alcanzó un récord de 18.000 camiones vendidos en total

La apertura del mercado también traerá más competencia internacional, en un escenario donde la clave ya no está en el precio de compra sino en el costo operativo a lo largo del tiempo, el mantenimiento y el valor de reventa. La eficiencia, en este contexto, pasa a depender más del servicio que del producto

Digitalización y cambio de hábitos

La conectividad incorporada a los vehículos permite controlar en tiempo real el uso de cada unidad, detectar alertas mecánicas y evaluar el comportamiento del conductor. Existen sistemas que asignan puntajes de manejo y muestran márgenes concretos de mejora: en Europa, un salto del 70% al 90% puede traducirse en un ahorro de 1,5 litros cada 100 kilómetros

En Argentina, ese indicador se ubica más cerca del 60%, lo que abre un amplio espacio para capacitación y seguimiento. El desafío ya no es solo tecnológico: también es cultural. Un camión mal usado se rompe; uno bien utilizado, no

La renovación del parque, la infraestructura pendiente y la adopción de herramientas digitales aparecen así como las tres variables que marcarán el futuro inmediato del transporte pesado en el país