A más de un mes del doble terremoto en Venezuela, cientos de chicos intentan recuperar algún orden en medio de la inestabilidad. Perdieron sus casas, quedaron lejos de sus escuelas o todavía no saben con quién vivirán en los próximos meses. Para Gloriana Faría, abogada de Cecodap, esa es hoy la principal preocupación: que la emergencia continúa mucho después del rescate

Refugios que también interrumpen la rutina

Faría señala que muchas familias están alojadas en campamentos montados en escuelas, lo que abre otro problema: cuando empiece el próximo ciclo lectivo, esos espacios deberán liberarse. Eso puede obligar a los niños a mudarse otra vez y a romper, de nuevo, la rutina que empezaban a reconstruir

Además de la continuidad escolar, la organización observa riesgos en el acceso a la salud, en la preservación de la vida familiar y en la salud mental. La incertidumbre sobre dónde vivirán, si podrán volver a estudiar o con quién crecerán si perdieron a sus padres atraviesa a buena parte de los sobrevivientes

Lo que no debe hacerse con los chicos

La referente de Cecodap advierte que uno de los errores más frecuentes es pedirles a los chicos que relaten de inmediato lo que vivieron. Sin una atención psicosocial previa, esa exigencia puede convertirse en una nueva forma de daño, porque los obliga a revivir el trauma antes de contar con herramientas para procesarlo

También pide especial cuidado con la circulación de imágenes y datos. Una foto puede exponer a un niño de manera permanente y abrir riesgos como la trata, el abuso o la sustracción. Incluso, sostiene, la difusión desordenada de denuncias puede entorpecer la búsqueda de otros chicos y desviar recursos de protección

El desafío que seguirá cuando pasen las cámaras

Faría remarca que los terremotos golpearon a un país que ya atravesaba una emergencia humanitaria compleja, con problemas previos en salud, educación y protección de derechos. Ya había falta de docentes, deterioro hospitalario, dificultades en trasplantes pediátricos y una afectación fuerte de la salud mental

Por eso, el temor no se limita a lo que ocurrió en los días del desastre. Cuando se agoten los fondos de emergencia y baje la atención internacional, podrían profundizarse la separación familiar, las migraciones, los problemas de identidad y el deterioro emocional de miles de niños. Ese, dice, será el verdadero desafío de los próximos años