Tribar, a simple vista, parece una estructura mínima: tres barras rígidas sostenidas por una red de cables tensados. Pero ese diseño le permitió soportar una caída vertical de 5,7 metros sobre asfalto y seguir en movimiento después del impacto

El robot fue desarrollado por investigadores de Yale y Rutgers, encabezados por Rebecca Kramer-Bottiglio y William R. Johnson III. El estudio, publicado el 10 de agosto en Nature Machine Intelligence, busca combinar tres atributos que suelen chocar entre sí: tolerancia a golpes, capacidad de recuperar la forma y control autónomo

Una estructura pensada para ceder sin romperse

A diferencia de los robots convencionales, que dependen de cuerpos rígidos y articulaciones protegidas, Tribar está basado en tensegridad. En este sistema, los elementos sólidos no se tocan entre sí y quedan unidos por cables bajo tensión

Cuando recibe un golpe, las barras cambian de posición y toda la estructura se deforma. Los cables, en lugar de concentrar el daño en un punto, absorben energía y reparten las fuerzas por el conjunto

Cómo se reorienta después del impacto

La flexibilidad, sin embargo, trae un problema: el robot debe saber cómo quedó posicionado tras una caída. Para eso incorpora sensores flexibles en los cables y sensores internos de movimiento, con los que estima su forma y orientación para volver a avanzar

Según los investigadores, el sistema puede reconstruir su configuración sin depender de un chasis rígido. Esa capacidad le permite mantener la operatividad aun después de deformarse por completo

Pruebas sobre terreno difícil y una caída récord

El equipo probó el robot sobre pasto, hielo, piedras y arena. También evaluó su desempeño en pendientes de hasta 28 grados y en recorridos rectos, curvos y triangulares

La prueba más extrema fue la caída desde un puente de 5,7 metros sobre asfalto. Tras el impacto, Tribar logró recuperar una postura funcional y continuar desplazándose. Los autores la describen como la caída más alta registrada hasta ahora para un robot de tensegridad

El robot también fue lanzado desde el borde de un acantilado. En ese caso no sufrió daños, aunque los científicos precisaron que no se trató de una caída vertical de 12 metros, ya que durante el descenso golpeó varias veces contra vegetación y la pared

Un avance útil para explorar donde otros fallan

Además de resistir impactos, Tribar alcanzó una velocidad máxima de 18 longitudes del robot por minuto y superó la pendiente más pronunciada registrada hasta ahora en su categoría

Los autores sostienen que futuras máquinas necesitarán moverse en entornos peligrosos y remotos con más resistencia y autonomía. El diseño apunta a una limitación conocida: cuando se agrega flexibilidad para mejorar la supervivencia, suele perderse precisión de control

El concepto podría servir para explorar superficies rocosas, cráteres o zonas de desastre, así como edificios dañados donde los robots convencionales quedarían inutilizados tras una caída. Por ahora, se trata de una tecnología experimental en un entorno controlado

Tribar todavía no cuenta con visión para identificar obstáculos y elegir rutas complejas por sí mismo. Su autonomía, por ahora, se relaciona con el control del movimiento, la estimación de su forma y la ejecución de trayectorias

La apuesta es clara: una máquina que no se quiebre con el primer golpe y que pueda seguir trabajando donde una estructura rígida ya no tendría margen para avanzar