Roque Segre, un argentino de 63 años que vive en Cali desde hace más de una década, atravesó el sismo de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el lunes 10 de agosto y terminó pasando parte de la jornada colaborando en tareas de rescate
Su vivienda, ubicada en una zona alta de la ciudad, resistió el movimiento sin daños relevantes. Eso le permitió salir con su familia y acercarse después, junto con su hijo y amigos, a uno de los edificios colapsados para ayudar a mover escombros
Una sacudida que duró más de un minuto y medio
Segre contó que el temblor lo sorprendió en su casa y que enseguida priorizó poner a salvo a sus hijos. “Uno no siente nada, solo busca que todos estén a salvo”, dijo
También recordó la intensidad y la duración del movimiento. “Duró más de un minuto y medio”, señaló, todavía impactado por la escena. “Esto era el fin del mundo”, resumió sobre lo que vio esa mañana
Ocho horas entre restos y ayuda solidaria
Tras comprobar que su casa había resistido, salió a colaborar en medio de la emergencia. “Fuimos a colaborar con mi hijo a un edificio que se cayó y con unos amigos también, a mover escombros, a hacer lo que se pudiera hacer y nos quedamos hasta las seis de la tarde. Ocho horas”, relató
Segre aseguró que no pensaron en registrar lo ocurrido con fotos o videos. “Quedamos espantados con lo que veíamos y nadie pensaba en tomar fotos. No era el momento ni el lugar”, explicó
Una ciudad movilizada
Durante la jornada, vecinos de distintas edades se organizaron para ayudar con la remoción de restos, el traslado de materiales y la asistencia a los equipos de emergencia. Segre destacó ese clima de apoyo colectivo y aseguró que la respuesta de la gente fue notable
“La solidaridad de la gente es increíble”, afirmó. También advirtió que, aunque en Cali abundan las construcciones antisísmicas, algunos edificios no soportaron la magnitud del evento. Al día siguiente, la ciudad seguía bajo emergencia, con revisiones estructurales, evacuaciones y búsquedas en curso