Un equipo de especialistas argentinos reconstruyó la historia evolutiva y ecológica de los cetáceos durante 50 millones de años. El trabajo, publicado en Nature Communications, aporta un marco cuantitativo para entender cómo ballenas y delfines pasaron de la vida terrestre al dominio de los océanos
Un mapa evolutivo hecho con datos de 127 especies
La investigación fue encabezada por científicos del Centro Nacional Patagónico (Cenpat-Conicet), en Puerto Madryn, y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). El análisis incluyó 127 taxones, entre especies extintas y actuales, y tomó en cuenta variables como el tamaño corporal, la dieta, la audición y la locomoción
Uno de los principales hallazgos es que no siempre más especies significó más variedad ecológica. En distintos momentos, como el Mioceno, hubo una gran diversidad taxonómica, pero con roles ecológicos muy parecidos entre sí. En cambio, las extinciones del Plio-Pleistoceno eliminaron linajes completos sin modificar de manera decisiva la estructura general del ecosistema
Las adaptaciones que marcaron la diferencia
La investigación muestra que el éxito de los cetáceos no dependió solo de la cantidad de especies, sino de la conservación de funciones esenciales, como la filtración y la depredación de alto nivel. Para los autores, ciertas innovaciones se mantuvieron como rasgos estables a lo largo del tiempo y funcionaron como verdaderos puntos de apoyo evolutivos
Entre esas innovaciones se destacan las barbas en los misticetos y la ecolocalización en los odontocetos. Una vez que aparecieron, esas características se sostuvieron durante millones de años y limitaron, al mismo tiempo, la exploración de estrategias totalmente nuevas
Tres momentos decisivos en la historia de las ballenas
El estudio identifica tres etapas clave. La primera ocurrió entre el Eoceno y el Oligoceno, cuando la transición de la tierra al agua se consolidó por completo
La segunda se dio entre el Oligoceno tardío y el Mioceno temprano, con la aparición de las barbas en las ballenas y la ecolocalización en los delfines. La tercera llegó con la transición Plio-Pleistocena, cuando las grandes extinciones dieron paso a la diversidad moderna
En ese proceso, algunas líneas cambiaron de forma drástica su papel en los ecosistemas. Los cachalotes actuales, por ejemplo, son buceadores profundos que capturan calamares por succión, mientras que sus ancestros del Mioceno eran cazadores activos y depredadores tope, con un más cercano al de las orcas actuales
Otros grupos desaparecieron por completo. Las antiguas ballenas con dientes se extinguieron y dejaron un vacío ecológico que nunca volvió a ser ocupado por otros cetáceos
Una metodología inédita para mamíferos
Además de sus resultados, el trabajo se destaca por el enfoque estadístico aplicado. Los investigadores usaron herramientas cuantitativas que antes se habían empleado en reptiles marinos fósiles, pero no en mamíferos
Según el equipo, ese abordaje permitió poner a prueba hipótesis que hasta ahora se sostenían más como ideas generales que como conclusiones demostradas. La expectativa es que el estudio se convierta en una referencia para futuros trabajos sobre la evolución de los cetáceos
Participaron también Mariana Viglino, Maximiliano Gaetán y Nicolás Farroni, del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-Conicet); Viviana Milano, del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (Cesimar-Conicet); y Florencia Paolucci, Lisandro Campos y Marta Fernández, de la División de Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata (UNLP)