David Jiménez, que se presenta en redes sociales como Nemo Reporter, sostiene que la discusión sobre los coches modernos va más allá de la simple fiabilidad mecánica. A su juicio, el avance hacia la electrificación y la creciente complejidad tecnológica han cambiado la relación entre conductor y vehículo, hasta el punto de que los automóviles actuales ya no se conciben como antes

El periodista recuerda que, durante años, comprar un coche implicaba pensar en un uso prolongado: mantenerlo, repararlo y alargar su vida útil con el paso del tiempo. Hoy, en cambio, cree que el modelo de propiedad ha virado hacia fórmulas como el renting o la financiación flexible, donde el usuario asume menos compromiso con el estado final del vehículo

Batería y software, los dos grandes límites

En el caso de los eléctricos, Jiménez distingue dos factores clave. El primero es la degradación de la batería, un desgaste que considera inevitable aunque pueda ralentizarse. Ese proceso, explica, termina afectando a la autonomía y puede desembocar en reparaciones costosas cuando el rendimiento cae de forma notable

El segundo factor es, para él, todavía más delicado: la obsolescencia programada vinculada al software. Defiende que un coche eléctrico puede seguir siendo sólido en lo mecánico y, sin embargo, perder utilidad con el tiempo si sus pantallas, sistemas digitales o actualizaciones dejan de acompañarlo

Según su visión, un eléctrico funciona cada vez más como un dispositivo conectado. Eso permite mejoras a distancia, como ajustes en la entrega de potencia o en la eficiencia, pero también abre la puerta a lo contrario: que una actualización o una limitación técnica deje fuera funciones que antes sí estaban disponibles

El paso del tiempo, más decisivo que los kilómetros

Jiménez compara esa situación con la de un teléfono antiguo: puede estar nuevo físicamente, pero quedar desfasado en la práctica si el software ya no responde. Aplica esa misma lógica al automóvil eléctrico y cree que, en algunos casos, el problema no será tanto el kilometraje como el envejecimiento digital

También pone como ejemplo los vehículos de Tesla con hardware versión tres, que no pueden ejecutar la conducción autónoma supervisada en determinadas condiciones. Para el creador de contenido, ese tipo de casos muestra cómo el soporte tecnológico puede condicionar la vida útil real de un coche y empujar al usuario a sustituirlo antes de lo esperado

Su conclusión es que la durabilidad del automóvil actual depende de más elementos que antes: batería, pantallas, conectividad, actualizaciones y fiabilidad mecánica. Y, según advierte, ese margen de utilidad parece cada vez más corto