Las elecciones legislativas de este año estarán marcadas por varios temas centrales, desde la guerra en Irán y los aranceles hasta la inflación, la inmigración, los impuestos y la salud. Pero en varias disputas decisivas aparece un hilo de fondo que puede influir en el control del Congreso: qué significa hoy ser un hombre “de verdad”
El debate refleja una versión más dura de la política de campaña que Donald Trump instaló hace años. Con insultos, gestos de fuerza y ataques a rivales varones, el presidente redefinió la idea de firmeza en la arena electoral. Ahora, varios demócratas intentan responder con una imagen más combativa o con una defensa más segura de su propia identidad masculina
Michigan: bromas sobre fútbol y “energía beta”
En Michigan, el candidato demócrata al Senado Abdul El-Sayed y su rival republicano Mike Rogers cruzaron acusaciones con referencias a sus días de fútbol en la escuela secundaria. Rogers difundió un aviso de campaña en el que sostiene que los demócratas quieren permitir que hombres compitan en deportes femeninos y lo usó para presentar a su adversario como demasiado liberal
El-Sayed respondió en redes sociales con ironía y lo acusó de no haber sido capitán del equipo, antes de reivindicar su propio pasado deportivo. Rogers replicó con otro comentario burlón, en una secuencia que trasladó la pelea electoral al terreno de la masculinidad, la popularidad juvenil y la imagen física
El candidato demócrata suele mostrarse en campaña con remeras negras ajustadas y rutinas de pesas frente a cámara, pero también publica videos cantando y bailando. En declaraciones públicas, ha cuestionado la idea de que la hombría se mida por el gimnasio y ha insistido en que un hombre se define por su familia y su comunidad
Texas: testosterona, ranchera política y ataques personales
En Texas, la pelea tomó otro tono. El demócrata James Talarico, de 37 años, fue blanco de burlas por parte de dirigentes y grupos vinculados al republicano Ken Paxton, de 63 años. Lo apodaron “Low T Talarico”, una referencia a la testosterona, y difundieron piezas de campaña que lo presentan como demasiado blando para un estado asociado con la bravura y la dureza
Entre los ataques apareció incluso una advertencia sobre deportes y sobre la identidad de género, en una campaña que busca ligar la imagen del adversario con posturas consideradas ajenas al conservadurismo local. El mensaje apela a símbolos muy reconocibles en Texas, desde los sombreros de trabajo hasta la estética del vaquero recio
Talarico intentó desactivar el golpe con una respuesta centrada en la economía cotidiana: el precio de los alimentos, el seguro y la gasolina. Pero también convirtió el debate en un argumento moral. Recordó a su padre adoptivo cortando el pasto para él y para una vecina viuda, y sostuvo que la responsabilidad y el servicio pesan más que la pose
Desde esa lógica, el demócrata afirmó que un hombre de verdad sirve a los demás, mientras que uno débil se sirve a sí mismo, una frase que apunta de lleno a las acusaciones de corrupción que enfrenta Paxton y que él niega
Trump como modelo de dureza política
La exhibición de vigor y el ocultamiento de la vulnerabilidad no son nuevos en la política estadounidense. Distintos presidentes cultivaron una imagen de fortaleza: Franklin Roosevelt ocultó su parálisis parcial, John F. Kennedy cuidó su figura atlética y Ronald Reagan fue fotografiado con frecuencia a caballo
Trump llevó esa lógica más lejos. Recurrió a apodos humillantes para sus rivales, hizo de la provocación corporal una marca personal y en 2016 llegó a responder a ataques sobre su anatomía en pleno debate. En 2024 volvió a escenificar esa estética de confrontación con música, gestos de desafío y un discurso de lucha
Tras sobrevivir a un intento de asesinato en Butler, Pensilvania, apareció ensangrentado en el escenario, levantó el puño y pidió a sus seguidores que pelearan. Ese clima también se reflejó en su desempeño electoral: incrementó su apoyo entre los votantes varones hasta 55%, frente al 51% registrado en 2020
La pregunta que sobrevuela estas campañas ya no es solo quién ofrece más experiencia o más propuestas, sino quién logra encarnar mejor una idea de fuerza en un momento en que la política estadounidense vuelve a medir a sus candidatos por la forma en que muestran, o defienden, su masculinidad