El nacimiento de un bebé en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, volvió a instalar una pregunta incómoda y vigente: ¿hasta qué edad es aconsejable cursar un embarazo?

Mabel, de 62 años, se convirtió en madre por primera vez tras dar a luz por cesárea en el Hospital San Felipe. El embarazo se logró mediante fecundación in vitro y el recién nacido, David, pesó 2,750 kilos y quedó en buen estado, según contó la mujer

Un límite que no es legal, pero sí clínico

En el sistema de salud no existe una norma que fije una edad máxima para acceder a tratamientos de reproducción asistida. Sin embargo, los consensos médicos suelen ubicar el tope en torno a los 55 años, mientras que en la práctica muchos centros prefieren no iniciar tratamientos después de los 50

Los especialistas coinciden en que la edad materna avanzada eleva los desafíos, incluso cuando se usan óvulos o embriones de donantes jóvenes. La reducción de algunos riesgos genéticos no elimina otras complicaciones ligadas al embarazo en edades tardías

Los riesgos que más preocupan

Entre las principales alertas aparecen las enfermedades previas, como hipertensión o diabetes, que pueden volver desaconsejable la gestación. También aumentan las probabilidades de aborto espontáneo, parto prematuro y hemorragias después del parto

La prematurez es una de las mayores preocupaciones para los equipos médicos, porque puede comprometer la salud del bebé y condicionar su evolución inmediata y futura

Stella Lancuba, especialista en medicina reproductiva, sostiene que el embarazo después de los 60 años es una situación excepcional y evitable. También remarca que los estándares internacionales desaconsejan la transferencia de embriones a partir de los 55 años, porque los riesgos superan los beneficios

Según explica, después de los 40 años crecen los riesgos maternos y fetales, entre ellos la mortalidad materna, las complicaciones cardiovasculares y metabólicas, las pérdidas gestacionales y el bajo peso al nacer

Entre el deseo personal y la advertencia médica

Mario Sebastiani plantea que la postergación de la maternidad es una realidad y que la decisión de buscar un hijo a edades avanzadas responde muchas veces a una elección profundamente individual. Aun así, advierte que no todos los embarazos son equivalentes: el estado general de salud resulta decisivo

En la misma línea, Leandro Mezzabotta remarca que el aumento de la edad incrementa de forma clara los riesgos para la mujer y para el bebé. Señala que, aunque la ovodonación reduzca algunos peligros genéticos, no elimina la mayor exposición a complicaciones obstétricas ni el impacto de enfermedades crónicas preexistentes

También subraya que los partos prematuros, las hemorragias posparto y la posibilidad de terminar en cesárea aparecen con más frecuencia en embarazos tardíos

Una discusión que va más allá del caso

Sergio Pasqualini ubica este tipo de situaciones dentro de una tendencia más amplia: la postergación de la maternidad y la paternidad. Advierte que los casos que llegan a trascender son los que terminan bien, pero no muestran el conjunto de intentos que no llegan a término

Para el especialista, el debate no debería reducirse a si un embarazo así es posible, sino también a qué condiciones rodean ese proyecto: el estado de salud de la mujer, la existencia de una pareja o de una red de sostén y el futuro cuidado del niño

La historia de Mabel reabrió así una discusión médica, ética y social que no tiene una respuesta única. Lo que la ciencia admite como posible no siempre coincide con lo que los especialistas consideran prudente o recomendable