La historia de Michael Ingrey y Magda con La Cumbre empezó mucho antes de que levantaran su puesto en medio de las sierras. Ella pasó allí su infancia; él llegó de joven como pupilo a un colegio inglés. Entre idas y vueltas crecieron el noviazgo, el casamiento y la familia: hoy tienen tres hijos. Aunque después estudiaron y armaron su vida en San Isidro, el vínculo con el lugar nunca se cortó

Un lugar propio en la sierra

Durante años, las visitas fueron a la casa de la suegra de Michael. Con el tiempo, esa solución dejó de alcanzar y apareció la necesidad de tener un espacio propio. La oportunidad llegó cuando empezaron a conocer mejor las sierras, a 1700 metros de altura, de la mano de amigos que ya habían construido sus primeros ranchitos

Una Semana Santa quedaron invitados a pasar la noche en uno de esos refugios y ahí tomaron la decisión. El primer campito lo compraron en marzo de 2007, y enseguida arrancaron la obra

Construir en altura y con lo que había

El Quince, como bautizaron el puesto, quedó como una de las construcciones más altas del camino a las sierras. En ese momento eran muy pocos los que se animaban a levantar algo en un terreno sin luz, agua ni electricidad

Hubo que subir todo: postes, chapas, clavos y materiales de trabajo. Para hacerlo, usaban una camioneta con un carro de madera. La piedra y la arena salieron del propio lugar, a partir de una veta que apareció al hacer el estacionamiento

Dos operarios trabajaban arriba con barreta, pico y pala, separando las piedras útiles. Las tres construcciones del puesto se hicieron con materiales del entorno y buscando alterar lo menos posible el paisaje. Un amigo arquitecto, Manuel Gálvez, los asesoró durante todo el proceso

Una casa criolla con acento inglés

El resultado combina austeridad y carácter. Tiene pisos de cerámico, techos de tejuelas y ventanas de demolición. La decoración suma muebles heredados de la familia, textiles de telar y antigüedades, en una mezcla de impronta inglesa y criolla

Durante años fue su casa de veraneo y también un lugar para pasar largas temporadas. Con el crecimiento de los hijos y la mudanza de San Isidro a La Cumbre, el puesto sumó una nueva etapa

De refugio familiar a proyecto propio

Primero organizaron cabalgatas para sostener el lugar. Después, esa idea empezó a funcionar como negocio. Más recientemente, también incorporaron la posibilidad de quedarse a dormir

A dos décadas de haber empezado la obra, Michael sigue viendo en esa casa serrana el mejor rincón de La Cumbre: sencilla, sin pretensiones y plenamente integrada al paisaje