ANN ARBOR, Michigan. Una estudiante se inclinó sobre una mesa iluminada y, con ayuda de una lupa binocular y dos herramientas finas, examinó a pocos centímetros un fragmento de papiro antiguo. El gesto fue minucioso: ese material, en muchos casos, no era manipulado desde hacía un siglo ni leído desde hacía miles de años
Un curso poco común
En la Universidad de Michigan se dicta uno de los pocos programas del mundo dedicados a enseñar cómo conservar manuscritos de papiro. En América, según la institución, es el único de su tipo. El seminario de verano reúne durante 10 días a papiriólogos y conservadores de distintos países para aprender prácticas de tratamiento, almacenamiento, cuidado y documentación
La colección de papiros de Michigan abarca textos y documentos producidos entre 1000 a. C. y 1000 d. C. y es una de las más grandes del hemisferio occidental. Entre sus piezas hay fragmentos de Homero, pasajes de La Odisea y La Ilíada, escritos de Epicuro y la copia más antigua conocida de las Epístolas de Pablo
Preservar un oficio frágil
Marieka Kaye, responsable de preservación de colecciones físicas de la biblioteca universitaria, dijo que el objetivo también es quitarle temor a un trabajo que puede intimidar. El taller enseña a retirar con cuidado tierra, arena, sal y otros residuos; a usar humedad controlada para suavizar pliegues y realinear fibras; y a secar el papiro lentamente bajo un peso liviano para evitar que se enrolle
El seminario comenzó en 2012 y se realiza cada dos años, salvo en 2020 por la pandemia. Hasta ahora participaron cerca de 50 estudiantes. Giuliano Sidro, curador de la colección, advirtió que si no se forma a nuevas generaciones, esta técnica corre el riesgo de perderse
Una colección con hallazgos constantes
La universidad conserva tantos manuscritos que todavía no han sido revisados todos. Parte del material fue adquirido y otra parte proviene de excavaciones realizadas entre 1924 y 1935 en Karanis, Egipto, durante expediciones universitarias
Francis Willey Kelsey, profesor de latín fallecido en 1927, impulsó la creación de la colección porque creía que los estudiantes debían acceder no solo a libros, sino también a restos materiales de la antigüedad. Hoy, el Museo Kelsey de Arqueología es una referencia en el campus y su acervo incluye una de las mejores colecciones de objetos de la vida cotidiana del Egipto grecorromano fuera de El Cairo
Sidro describió ese archivo como un lugar donde pueden surgir descubrimientos casi a diario, siempre que alguien abra una caja y empiece a leer
Lenguas antiguas, conocimiento vivo
Para interpretar estos documentos hace falta dominar idiomas como árabe, griego antiguo, latín e incluso egipcio, una de las lenguas escritas más antiguas conocidas y hoy extinta. Entre los participantes había personas capaces de leer los papiros, como Arzak Mohamed, que lee árabe, y Mauro Castiello, doctorando en papirología en Milán, que traduce griego y latín antiguos
Mohamed, investigadora posdoctoral en la Universidad Macquarie de Sídney y madre de tres hijos, nació en Fayoum, Egipto, cerca de Karanis. Dijo que quiere llevar ese aprendizaje a Egipto y también a Australia, como un puente entre los tres países. Su meta, explicó, es ayudar a que ese conocimiento llegue a la próxima generación