En un lote de esquina en Puerto Nisuk, un barrio cerrado de Hudson, CLC Arquitectos proyectó una casa familiar contemporánea donde el negro ordena la obra desde afuera hasta los interiores. La premisa fue clara: una vivienda cerrada hacia la calle y abierta al jardín, con una fuerte relación entre arquitectura, luz y paisaje
Una envolvente austera, un interior cálido
La fachada se resolvió con un muro de hormigón que toma los bordes del terreno y funciona como una piel exterior rígida y contenida. Del otro lado, la casa se abre con superficies vidriadas hacia el verde. Esa dualidad también aparece adentro, donde se buscó calidez total mediante madera, texturas profundas y una paleta oscura
En planta baja, el cielo raso se revistió con madera de kiri teñida de negro y las paredes se forraron en nogal. El objetivo fue generar un contraste nítido con el exterior y, al mismo tiempo, dar continuidad a los espacios sociales
Patios, luz y circulación
Para compensar la base oscura y lograr amplitud, la casa se organizó a partir de seis patios que acompañan los ambientes y acercan el paisaje al interior. En esos vacíos, el muro exterior se desarma y aparecen columnas que permiten el ingreso de aire y luz natural
La escalera helicoidal del hall de acceso, construida en chapa negra con peldaños de madera, funciona como una pieza protagonista. Ubicada en un patio seco, refuerza el carácter escultórico de la casa y marca el ingreso con una presencia más cercana a la de un museo que a la de una escalera tradicional
Espacios para una vida social
La casa fue pensada para un matrimonio de 56 años con tres hijos adultos, con ambientes amplios y cómodos para recibir amigos y vivir la casa con fluidez. El living, el comedor y el playroom mantienen la misma línea material, con techos de kiri negro y superficies en nogal
La cocina se organiza alrededor de una isla que ordena la circulación y refuerza una atmósfera serena. La combinación entre la madera y la profundidad del negro define un interior sofisticado, pero contenido
La planta alta, casi en clave privada
A diferencia del nivel principal, la planta alta se reservó para el matrimonio. Allí se ubican el dormitorio principal con vestidor y baño en suite, además del atelier de Andrea, la dueña de casa, que se dedica al arte
Ese sector fue resuelto con WPC en todo su perímetro, reforzando la idea de una casa que se repliega hacia adentro. Cuando aparecen las ventanas, la mampostería se transforma en listones que dejan pasar las vistas. En el interior, las paredes se terminaron con placas enchapadas en kiri negro de poro abierto, mientras que los cielos rasos blancos y los pisos de madera aportan contraste
Un atelier y una galería para quedarse
El atelier responde a una de las premisas centrales del proyecto: ofrecer un espacio silencioso, luminoso y vinculado con el paisaje para acompañar el trabajo creativo
Hacia el jardín, una galería de casi 6 metros de largo bordea la pileta y amplía la vida social al exterior. Equipada con dos mesas largas, se convierte en punto de encuentro durante los fines de semana. El paisajismo también formó parte del diseño integral, con canteros y planchuelas que suavizan la dureza del hormigón y suman movimiento al conjunto