Una denuncia de violación grupal reavivó el escrutinio sobre las fraternidades de la Universidad Cornell, en Nueva York, una institución que arrastra una extensa historia de casos de conducta indebida y sucesivos intentos de reformar su sistema de organizaciones estudiantiles

Las autoridades reabrieron el lunes una investigación luego de que una mujer presentara, el 16 de septiembre, una demanda contra la fraternidad Chi Phi, la universidad y siete estudiantes a quienes acusa de haberla agredido

La mujer había informado a la policía en noviembre de 2024 que sufrió una agresión en la sede de la fraternidad el mes anterior. En ese momento, los fiscales decidieron no presentar cargos. La demanda utiliza un seudónimo para proteger su identidad

La sede de Chi Phi fue apartada del campus. La organización nacional informó que el capítulo de Cornell votó por unanimidad expulsar de sus registros a los estudiantes señalados pocos días después de que la mujer presentara la denuncia policial

Cornell afirmó que su propia investigación derivó en sanciones y expulsiones de algunos estudiantes

Una sucesión de reformas sin resultados definitivos

Elizabeth Allan, profesora de educación superior de la Universidad de Maine y directora del Laboratorio de Investigación para la Prevención de Novatadas de esa institución, describió el caso como “horrible, pero familiar” en numerosos campus

Según Allan, las reformas que no logran impedir nuevos episodios evidencian hasta qué punto ciertas conductas están arraigadas y la necesidad de adoptar un enfoque transformador

Cornell implementó distintas medidas tras muertes por novatadas, demandas y arrestos vinculados con su sistema de fraternidades. En 2019, exigió que los capítulos contrataran supervisores independientes para los eventos y aceptaran controles de seguridad aleatorios

La decisión se produjo después de que Antonio Tsialas, un estudiante de primer año, fuera encontrado muerto al pie de un barranco. La demanda presentada por sus padres sostuvo que él y otros aspirantes a ingresar en una fraternidad fueron sometidos a novatadas que incluían el consumo forzado de cantidades peligrosas de alcohol

Adam McCready, profesor asociado de la Universidad de Connecticut e investigador de fraternidades y hermandades, señaló que Cornell convive con estas organizaciones y sus problemas desde su fundación, en 1865. Una de las primeras muertes confirmadas por novatadas ocurrió allí en la década de 1870, afirmó

Con el paso del tiempo, las fraternidades construyeron grandes residencias que, según McCready, terminaron determinando buena parte de la vida social del campus

Antecedentes de abuso y novatadas

En 1997, un estudiante de Cornell denunció en una demanda que había sufrido durante semanas golpes y azotes. Al año siguiente, media docena de estudiantes fueron arrestados bajo la acusación de haber sacado a un aspirante de su dormitorio, vendarlo y atarlo con una cuerda y cinta adhesiva

En 2012, una fraternidad fue declarada culpable de novatadas por la muerte de un estudiante intoxicado con alcohol. Después de ese episodio, la universidad intentó eliminar las prácticas de iniciación de mayor riesgo

En ese momento, más de una cuarta parte de los estudiantes de Cornell pertenecía a fraternidades o hermandades. McCready sostuvo que muchos de esos alumnos se convierten luego en donantes, lo que puede dificultar los cambios cuando existe presión para preservar el sistema

En 2018, un capítulo quedó en período de prueba por un concurso denominado “Pig Roast”, una expresión que aludía al peso de las mujeres con las que sus integrantes habían tenido relaciones sexuales

La universidad respondió con nuevas restricciones: avanzó hacia la prohibición de bebidas alcohólicas de alta graduación en las sedes de las fraternidades y exigió la presencia de asesores residentes

Sin embargo, en 2022, denuncias de agresión sexual y de estudiantes drogados en viviendas externas vinculadas con fraternidades llevaron a Cornell a suspender temporalmente las fiestas de esas organizaciones. Durante ese período, sus dirigentes debían aplicar planes más estrictos de salud y seguridad

La denuncia por violación grupal se produjo dos años después

Víctimas y organizaciones exigen una respuesta más firme

Cornell indicó que mantiene su compromiso de aplicar las recomendaciones de un grupo de trabajo creado el año pasado para abordar las agresiones sexuales en el campus. También destacó las expulsiones y suspensiones adoptadas en este caso

Para las organizaciones que defienden a víctimas de delitos sexuales, esas medidas son insuficientes. La demanda sostiene que los estudiantes acusados pudieron presentar ensayos ante Cornell para “mitigar su conducta”

“No existe ningún marco en el que esa sea una respuesta apropiada ante una violación grupal”, afirmó Maha Ibrahim, directora de Equal Rights Advocates, una organización sin fines de lucro que representa a sobrevivientes

Allan consideró que el caso demuestra la necesidad de comprender mejor los factores que contribuyen a este tipo de violencia y conducta indebida, no solo dentro de los grupos estudiantiles, sino también en las comunidades, las instituciones y la sociedad

La especialista sostuvo que la falta de comprensión sobre el consentimiento es amplia y que se necesita un enfoque de salud pública para modificar de manera sostenible las conductas y las actitudes