Una pareja de Joinville, en el estado brasileño de Santa Catarina, convivió durante 14 meses con quien creía que era una chica de 12 años. La joven decía haber huido de una situación de abuso, hablaba con voz infantil y usaba chupete y mamadera. La familia le dio comida, ropa, atención médica y alojamiento

Pero el 2 de junio, cuando la policía llegó a la casa, comprobó que la supuesta menor era Amanda Maria Souza de Oliveira, una mujer de 37 años. Quedó detenida y enfrenta cargos por falsa identidad y estafa

Una identidad construida para obtener refugio

La Justicia de Santa Catarina aceptó la denuncia presentada por el Ministerio Público y resolvió que Oliveira está en condiciones de ser juzgada, después de una evaluación de salud mental que concluyó que comprendía sus actos. Sigue detenida

Sus abogados admiten que fingió ser menor, pero niegan que haya existido una estafa. Sostienen que no buscaba dinero ni bienes y que usaba identidades falsas para conseguir protección y atención

Según la Policía Civil, Oliveira llegó a la familia de Joinville a través de un pastor de una iglesia local. Primero se presentó como Gabriele, dijo tener 18 años y afirmó que había trabajado en una panadería. Más adelante dijo que tenía 11 años y que había escapado de un padre abusivo

Con el paso de los días reforzó esa versión: hablaba con tono agudo, pedía mamadera, usaba chupete y decía tener miedo durante la noche. La pareja llegó a celebrar su supuesto cumpleaños número 12 e intentó iniciar trámites para inscribirla en una escuela y adoptarla

Las dudas aparecieron cuando un familiar buscó antecedentes en internet sobre adultos que se hacen pasar por niños y compartió esa información con la pareja. La policía cruzó los datos y llegó a la vivienda

Un patrón que se repite en varios estados

Los investigadores sostienen que el caso de Joinville no fue aislado. Señalan otros episodios en los que Oliveira habría recurrido a relatos parecidos para obtener alojamiento, cuidados y protección

En 2020 se presentó en un refugio para niños como Julia, una niña de 12 años que decía haber escapado de un padre abusivo. Afirmó que había sido obligada a prostituirse y que parecía mayor porque había recibido hormonas. Una semana después, un examen médico confirmó que era adulta

Al año siguiente volvió a presentarse como menor. Esta vez dijo llamarse Emily, tener 12 años y padecer leucemia

También aseguró que había perdido a su madre, sufrido abusos y que le habían amputado un brazo. Durante meses mantuvo contacto con un grupo de oración por internet

Una de sus integrantes organizó vigilias, se anotó como donante de médula ósea y llegó a tatuarse el nombre de la supuesta niña. El engaño se derrumbó cuando advirtieron que el brazo estaba intacto y el hospital donde decía haber sido atendida confirmó que no existía ninguna paciente con ese nombre

En 2023, en Nova Iguaçu, Río de Janeiro, se presentó como Maria Eduarda, o Duda, una niña de 12 años con autismo que había escapado de una situación de abuso. Una organización que asiste a menores vulnerables decidió ayudarla

Una nutricionista de 52 años, Renata Magalhães, dijo que gastó entre 4000 y 5000 reales en comida, ropa, atención médica y otros gastos durante un mes y medio. También llegó a considerar la adopción

La sospecha creció cuando la responsable de la organización anunció que contactaría a las autoridades de protección de menores y la supuesta niña reaccionó con desesperación. En el teléfono de Oliveira hallaron búsquedas sobre cómo comportarse como una persona autista y cómo dibujar como si fuera víctima de abuso

Las autoridades también investigan un episodio de enero de 2024 en Pinto Bandeira, Rio Grande do Sul. Allí, con 35 años, se presentó como Melissa, una chica de 11 años que decía haber escapado de una red de prostitución

Una familia la recibió, pero luego detectó inconsistencias y avisó al Consejo Tutelar. Cuando llegaron los agentes, Oliveira reconoció su verdadera identidad

El caso fue remitido a la Justicia por falsa identidad

Para los investigadores, los episodios muestran un mismo método: elegir ámbitos dispuestos a ayudar, construir historias de abuso, enfermedad o abandono y sostenerlas el mayor tiempo posible. La defensa afirma que la conducta no buscaba enriquecimiento y la vincula con una necesidad de afecto

Una evaluación independiente solicitada por sus abogados le atribuyó trastorno límite de la personalidad, trastorno de personalidad dependiente y depresión. El juez, sin embargo, no consideró ese informe decisivo para definir si debía ser sometida a juicio

Ahora la Justicia brasileña deberá resolver si su conducta encuadra en falsa identidad y estafa mientras la investigación sigue sumando episodios a una historia que permaneció dispersa durante años