CRACOVIA, Polonia — Cuando comenzó la guerra en Ucrania, Nastya Podorozhnya vio llegar a Polonia una ola de solidaridad hacia las familias refugiadas. También advirtió otro riesgo: que las mujeres que aceptaban ayuda de desconocidos quedaran expuestas a traficantes y agresores

De esa preocupación nació Martynka, una línea de ayuda y grupo de apoyo para refugiadas ucranianas que huyen de la violencia de género. Cuatro años después, la organización pelea por sobrevivir en un contexto de recortes, fatiga social y un aumento del rechazo hacia los ucranianos

Un refugio pequeño para una demanda creciente

Martynka funciona en un departamento discreto de dos habitaciones en el centro de Cracovia. Allí han pasado más de 100 mujeres y niños que recibieron ayuda para salir de entornos abusivos y acceder a atención médica, apoyo psicológico, empleo y vivienda

Podorozhnya dice que muchas historias empiezan en esa cocina, con una taza de té y una confesión difícil. Ella misma sobrevivió a un intento de violación en una calle de Polonia en 2016, algo que la conecta de forma directa con quienes llaman a la puerta o al teléfono

Pero sostener el espacio se volvió más difícil. Las campañas de recaudación atraen insultos en internet y la respuesta habitual, dice, es simple: el ataque ocurre porque es ucraniana

De la bienvenida al cansancio

En las primeras semanas de la guerra, unos 3,5 millones de ucranianos cruzaron a Polonia. Muchos polacos los recibieron en estaciones de tren y abrieron sus casas. El gobierno les dio acceso a trabajo y beneficios de seguridad social

Con el tiempo, la llegada masiva se estabilizó. A fines de 2022, la población refugiada ucraniana en Polonia rondaba el millón. Más del 70% consiguió empleo y un estudio de Deloitte estimó que aportaron 2,7% del PIB polaco en 2024

Sin embargo, la ayuda empezó a menguar. Los donantes internacionales desviaron recursos hacia otras crisis globales, mientras el gobierno polaco redujo apoyos con el argumento de que muchos refugiados ya se habían estabilizado

La política alimenta la hostilidad

El clima también se endureció en la esfera pública. Investigaciones recientes entre migrantes ucranianos señalan que la campaña presidencial polaca de 2025 marcó un punto de inflexión, cuando el rechazo a los ucranianos se volvió un tema transversal y no solo de la extrema derecha

Karol Nawrocki, del campo nacional-conservador y luego ganador de la presidencia, prometió leyes para priorizar a los ciudadanos polacos en el acceso a servicios públicos. Rafał Trzaskowski, candidato liberal, propuso restringir beneficios infantiles para ucranianos

Las tensiones históricas también resurgieron tras una decisión de Volodímir Zelenski de nombrar una unidad militar en homenaje a una organización paramilitar ucraniana acusada de masacrar polacos durante la Segunda Guerra Mundial. La respuesta polaca elevó aún más el conflicto

Olena Babakova, investigadora en Varsovia, sostiene que los ucranianos ya no enfrentan solo malestar social, sino conversaciones hostiles y agresiones. La policía polaca registró 180 ciudadanos ucranianos víctimas de delitos motivados por prejuicio hasta mediados de julio, un aumento frente a los totales anuales anteriores mencionados por las autoridades

Los más vulnerables quedan atrás

Los recortes afectan sobre todo a los grupos más frágiles: madres solas con varios hijos, personas mayores y quienes viven con enfermedades crónicas o discapacidades. Como muchos hombres ucranianos en edad militar no pueden salir del país, las madres solas son mayoría entre quienes llegaron a Polonia

Desde otras organizaciones de asistencia advierten que cada vez ayudan a más personas en riesgo de exclusión. El gobierno polaco sostiene que quienes más lo necesitan siguen recibiendo ayuda directa y que el resto debe acudir a los servicios sociales

La financiación internacional también cayó. Datos de la agencia de la ONU para los refugiados muestran que este año solo se cubrió la mitad de las necesidades identificadas para los ucranianos, frente al 94% de 2022

En Martynka ya recibieron unas 1.800 solicitudes de ayuda el año pasado y esperan más. Hoy no llaman solo mujeres víctimas de violencia, sino madres que no pueden garantizar comida o techo para sus hijos

Podorozhnya insiste en que el trabajo de su equipo evita que esas personas terminen sin hogar o empujadas a situaciones aún más graves. Para ella, Martynka sostiene tareas que deberían estar cubiertas por el Estado polaco