Charlotte Touzalin empezó de adolescente con aumento de peso, menstruaciones irregulares y vello facial no deseado. Durante años, esos síntomas también acompañaron a su madre, Anne Schultz, sin que nadie lograra unir las piezas
La respuesta llegó tarde, pero llegó: ambas fueron diagnosticadas con PMOS, un trastorno hormonal que afecta a una de cada ocho mujeres en el mundo. Para Touzalin, de 18 años, el diagnóstico coincidió además con una señal de alivio: participó en un estudio con un medicamento GLP-1 y vio cambios concretos en su salud
Un trastorno frecuente, pero todavía subdiagnosticado
El PMOS suele tardar años en identificarse porque sus señales se confunden con otros problemas, cambian mucho de una paciente a otra y a menudo se minimizan. No tiene una causa conocida ni un tratamiento específico. En general, el abordaje se limita a controlar los síntomas con anticonceptivos, dieta y ejercicio
Dos hormonas resultan centrales en el cuadro: la insulina y la testosterona. Muchas mujeres con PMOS presentan resistencia a la insulina, lo que puede elevar esa hormona y estimular a los ovarios a producir más testosterona. Eso favorece reglas ausentes o irregulares, acné severo y crecimiento excesivo de vello
Schultz, de 43 años, pasó por diagnósticos equivocados, pérdidas de embarazo y problemas ováricos antes de entender qué ocurría. Touzalin, por su parte, se sintió escuchada por primera vez cuando un profesional comenzó a ordenar sus síntomas
Resultados tempranos con GLP-1
En el estudio dirigido por la doctora Melanie Cree, Touzalin se aplicó semaglutida una vez por semana durante 10 meses. El crecimiento de vello se desaceleró, sus períodos se regularon y dejó de vivir con hambre constante. También dejó de seguir aumentando de peso
Los primeros datos del ensayo, publicados en junio, mostraron que ocho de las 11 participantes que completaron el estudio bajaron al menos 10% de su peso corporal. La pérdida mediana fue de unas 42 libras y la baja mediana de testosterona alcanzó 52%. Seis participantes tuvieron más menstruaciones y cuatro llegaron a ciclos mensuales
En los tres estudios que ha encabezado Cree, las mujeres tratadas con GLP-1 bajaron más de peso que las del grupo de control y también disminuyeron la testosterona, la glucosa y la insulina. Otros trabajos internacionales han mostrado resultados similares
Promesa clínica, pero con límites
Aunque la evidencia sigue siendo pequeña y todavía no definitiva, cada vez más médicos usan estos fármacos fuera de indicación para tratar el PMOS. El problema es el acceso: al no estar aprobados para esta enfermedad, muchas aseguradoras rechazan cubrirlos
Los especialistas advierten además que no todas las pacientes responden igual. Los GLP-1 pueden causar náuseas y estreñimiento, y el peso puede regresar si se suspenden
Touzalin dejó el tratamiento cuando terminó el estudio y en junio tuvo que suspenderlo. Su madre ahora pelea con la aseguradora para conseguirle otra vez la medicación y busca una alternativa a través de un programa de una farmacéutica
Para Touzalin, el objetivo es que cualquier paciente con PMOS pueda acceder algún día a una opción así. Para ella, el cambio fue personal, pero también un anticipo de algo más grande: una posible nueva forma de tratar una enfermedad que durante décadas fue difícil de nombrar y aún más difícil de atender