Sobre una colina inclinada 42 grados y frente al mar, una vivienda española propone una manera distinta de construir: recuperar el trabajo artesanal sin renunciar a la precisión técnica ni a la eficiencia

La cubierta es uno de los elementos centrales del proyecto. Fue diseñada por el ingeniero Manuel Rojas y se realizó mediante un encofrado artesanal compuesto por mallas metálicas deformables. Según sus autores, este procedimiento permitió reducir los costos frente al uso tradicional de madera o acero

Una cubierta hecha pieza por pieza

El techo está recubierto con escamas de zinc fabricadas y colocadas manualmente a partir de bobinas suministradas por ASLA. El mobiliario también fue producido de forma artesanal, aunque a partir de modelos digitales que permitieron combinar exactitud y oficio

La vivienda se distribuye en dos niveles. En la planta baja, un salón aterrazado se conecta con una piscina. Arriba, las habitaciones se proyectan hacia el paisaje. Un espacio interior de 150 metros cuadrados puede adaptarse como un teatro doméstico para reuniones, celebraciones y actividades simultáneas

El subsuelo como sistema de climatización

Parte de la casa está enterrada para aprovechar la temperatura relativamente estable del terreno, cercana a los 19,5 °C durante todo el año. Una cámara de aire de 40 centímetros ayuda a controlar la ventilación y la humedad

La cubierta incorpora dos capas de hormigón separadas por aislamiento térmico. Estas decisiones permiten que la vivienda funcione sin sistemas de calefacción ni refrigeración, mientras que el uso de materiales producidos localmente reduce la huella de carbono de la obra

El proyecto defiende así una arquitectura en la que la colaboración entre propietarios, arquitectos y trabajadores especializados puede producir una vivienda singular sin depender por completo de la fabricación en serie