Valentina Correa Heredia nació en Colombia, creció en el País Vasco y hoy está instalada en Finlandia, donde vive en Rovaniemi, una ciudad marcada por la nieve y el clima polar

Su llegada al país nórdico estuvo ligada a uno de sus grandes atractivos naturales: la posibilidad de ver las luces boreales, un fenómeno que convoca a visitantes de distintos lugares del mundo

El desafío no es solo el frío

En su adaptación diaria, una de las primeras pruebas fue el clima. Según contó, las temperaturas más altas apenas alcanzan los -14 grados, mientras que en los días más duros pueden bajar hasta entre -30 y -35

Para ella, sin embargo, lo más difícil no es el frío en sí, sino la escasez de luz. Dijo que anochece muy temprano, que el amanecer llega recién cerca de las 9 o 10 y que la claridad dura poco, hasta alrededor de las 15 o 15.30

Una mesa que también exige adaptación

La comida fue otro punto de aprendizaje. Valentina afirmó que esperaba una experiencia más complicada, aunque destacó que logró adaptarse bastante bien

Lo que todavía le llama la atención es el consumo de reno, muy habitual en Finlandia. Explicó que no lo probó porque es vegetariana, pero que le sigue sorprendiendo que un animal tan representativo para la cultura local forme parte de la dieta cotidiana

También señaló que el salmón y el pescado son muy comunes, aunque en general la gastronomía del país se parece bastante a la de otros lugares

Su historia resume varias de las tensiones habituales de quienes emigran: aprender a convivir con otra cultura, otro clima y nuevas costumbres sin perder de vista la propia identidad