W. Joseph Campbell lleva años revisando relatos instalados sobre la prensa y sus grandes hitos. En su mirada, Watergate se convirtió con el tiempo en una historia demasiado sencilla: la de dos reporteros que, casi en solitario, hicieron caer a un presidente. Para él, esa versión deja afuera actores decisivos y exagera el peso de una cobertura que fue importante, pero no exclusiva ni determinante por sí sola

Un escándalo más amplio que una redacción

Campbell sostiene que la caída de Richard Nixon no puede explicarse solo por la investigación periodística. Recuerda que el caso involucró a jueces federales, fiscales especiales, el FBI, comisiones del Congreso y, sobre todo, las grabaciones secretas del Despacho Oval, que terminaron mostrando que el presidente había respaldado el encubrimiento

También remarca que el escándalo no comenzó con una gran revelación periodística, sino como un robo local cuya magnitud tardó meses en quedar clara. En ese proceso, hubo coberturas relevantes de distintos medios y un entramado institucional que fue mucho más decisivo para el desenlace que la figura del reportero heroico

Cómo nació la épica del reportero salvador

Para Campbell, la idea del periodista que derriba al poder se consolidó muy rápido. El libro sobre la investigación de Watergate llegó en el momento exacto, cuando el caso estaba en su punto más alto, y la versión cinematográfica terminó de fijar una imagen épica de la historia

A eso se sumó la larga especulación sobre la identidad de la fuente secreta conocida como Garganta Profunda, que mantuvo a los dos reporteros en el centro de la escena durante años. Esa atención, dice, ayudó a convertirlos en símbolos permanentes del escándalo, mientras otras figuras y organismos quedaban en un segundo plano

La presidencia de Nixon, entre logros y sombra

Campbell admite que Watergate opacó el legado de Nixon, pero niega que sus principales decisiones de política exterior hayan sido tan trascendentes como suele afirmarse. Considera importante la apertura a China, aunque la ve como un paso casi inevitable, y juzga la guerra de Vietnam como un fracaso en el que el acuerdo final sacrificó a Vietnam del Sur

En su evaluación, Nixon quedó marcado para siempre por ser el único presidente estadounidense que renunció al cargo. Por eso, insiste, seguir hablando de Watergate como una victoria exclusiva del periodismo es una simplificación que no resiste una lectura histórica más completa

Una lección para la era digital

Consultado sobre si podría repetirse un caso parecido en tiempos de redes sociales y fragmentación informativa, Campbell no lo descarta. Pero advierte que el escándalo de Nixon no fue fabricado por los medios ni dependió solo de una cobertura brillante: fue el resultado de una acumulación de pruebas, instituciones activas y una crisis política que ya estaba en marcha

Su conclusión es directa: Watergate no fue una hazaña periodística aislada, sino un episodio en el que la prensa tuvo un papel relevante dentro de un derrumbe mucho más amplio