Más de 500 libros llegaron en pocos días al Hospital Rivadavia para dar forma a una biblioteca destinada a pacientes internados y a sus familiares. La propuesta nació a partir de una necesidad detectada en la sala de Cardiología y terminó convirtiéndose en una respuesta colectiva que superó cualquier previsión

Todo comenzó cuando el cardiólogo Mario Fitz Maurice, jefe del servicio, difundió en sus redes la idea de reunir ejemplares para quienes pasan jornadas enteras esperando estudios, tratamientos o el alta médica. La reacción fue inmediata: vecinos de distintos puntos de la Ciudad se acercaron con novelas, cuentos, enciclopedias, diccionarios, libros de historia y títulos de autoayuda

Una idea simple que creció en pocas horas

La iniciativa surgió del trabajo cotidiano de Paula, la psicocardióloga del servicio, que advertía cuánto pesaba el paso del tiempo entre los pacientes internados. A partir de esa observación, el equipo pensó en una biblioteca que ofreciera compañía y distracción dentro de la sala

La respuesta fue tan grande que en una sola jornada llegaron 150 libros. Entre las donaciones aparecieron incluso dos tomos de Historia Argentina editados en 1972. También hubo entregas desde lugares alejados del hospital, como Luján

Lecturas para pacientes y familiares

La propuesta se amplió cuando una mujer quiso donar libros para chicos. El hospital no tiene internación pediátrica, pero la donación abrió otra posibilidad: sumar lecturas para los niños que acompañan a sus padres durante la internación

La biblioteca todavía está en armado y ya enfrenta un límite práctico: no queda espacio para guardar más ejemplares. El equipo calcula que, con lo reunido hasta ahora, hay material suficiente para acompañar internaciones durante mucho tiempo

Un gesto que también habla de salud pública

Para Fitz Maurice, la experiencia deja una enseñanza más amplia sobre el hospital público. Sostiene que, en una cama de internación, no importa de dónde venga cada paciente: todos deberían recibir el mismo trato y las mismas condiciones de cuidado

El proyecto también involucró a distintas áreas del Rivadavia. Seguridad recibió las bolsas y cajas en la garita, Mantenimiento colocó las ménsulas y armó los estantes, y la dirección apoyó la idea desde el inicio. A eso se suma el trabajo de las Damas Rosadas, que desde 1964 colaboran con pacientes y familias dentro del hospital

La biblioteca ya empezó a usarse. Una de las primeras escenas que dejó la iniciativa fue la de un paciente que, al tomar un libro, decidió apagar la radio. Para el equipo, ese gesto resume el sentido de la propuesta: hacer un poco más llevadero un tiempo que, para muchos, puede sentirse demasiado largo