De Alfaro al convento

Ezequiel Moreno Díaz nació el 9 de abril de 1848 en Alfaro, La Rioja, en una familia humilde y profundamente religiosa. Desde joven mostró una inclinación marcada por la vida espiritual y, al mismo tiempo, por el cuidado de los enfermos, a quienes asistía incluso cuando eso lo alejaba de las celebraciones del pueblo

A los 16 años ingresó al convento de los agustinos recoletos de Monteagudo, en Navarra. Un año después hizo su profesión religiosa y, en 1871, fue ordenado sacerdote tras completar su formación en Filipinas, adonde había sido enviado como misionero

Misiones, caridad y pastoreo

En Filipinas evangelizó en la isla de La Paragua, hoy Palawan, hasta que contrajo malaria y debió volver a Manila. Más tarde fue párroco de Lespinasse, predicador conventual en Manila y administrador de una finca de los agustinos recoletos en Imus, desde donde impulsó obras de ayuda a los más necesitados

En 1888 regresó a Monteagudo como prior. Allí se dedicó a formar novicios con énfasis en la espiritualidad agustiniana y en el servicio a los pobres. Él y la comunidad llegaron a reducir sus raciones de comida para compartirlas con mendigos y personas sin hogar

Su etapa decisiva en Colombia

A comienzos de la década de 1890 viajó a Bogotá, donde vivió cinco años con austeridad como provincial de su orden. En ese tiempo predicó, atendió enfermos y realizó viajes a Casanare para evangelizar y administrar los sacramentos en una región entonces poco explorada

En 1894 fue nombrado obispo titular de Pinara y vicario apostólico de Casanare. Desde allí promovió el programa de trabajo “Dios y Colombia” y mantuvo sus visitas a zonas apartadas, guiado por una frase que resumía su entrega: “Una sola alma vale más que toda mi vida”

Dos años después pasó a ser obispo de Pasto. Sus sermones contra los malos políticos y contra doctrinas que consideraba confusas, como el liberalismo, le ganaron ataques y cuestionamientos públicos. Él respondió con oración y misericordia hacia quienes lo criticaban

La enfermedad y el recuerdo

En 1905 le diagnosticaron cáncer. Viajó a España para someterse a una operación, pero la intervención no tuvo éxito y su salud se deterioró con rapidez. Aun así, continuó en oración y se le atribuye esta súplica final: “Dios mío, dame valor para sufrir por ti”

Murió el 19 de agosto de 1906, la misma fecha en la que hoy se lo recuerda como patrono e intercesor de los enfermos de cáncer. Fue beatificado en 1975 por Pablo VI y canonizado el 11 de octubre de 1992 por Juan Pablo II en Santo Domingo