En Festus, Missouri, una votación municipal terminó convirtiéndose en una advertencia política. Vecinos que se habían reunido para frenar un centro de datos valuado en USD 6.000 millones vieron cómo el concejo aprobaba el proyecto por seis votos contra dos

Días después, en las urnas, castigaron a los cuatro concejales en reelección. Uno de ellos, con ocho años en el cargo, perdió por más de 40 puntos y la participación se duplicó

Un rechazo que ya no es local

Ese episodio resume un cambio más amplio: la oposición a los centros de datos de inteligencia artificial, las instalaciones que sostienen servicios como ChatGPT, pasó de ser una pelea vecinal a un tema electoral con peso nacional

Según una encuesta de Reuters/Ipsos realizada en junio de 2026, apenas el 14% de los estadounidenses apoyaría construir uno de estos centros en su comunidad. Es una caída brusca respecto de mediados de 2025, cuando el país estaba dividido casi en partes iguales. Para la primavera de 2026, el 71% ya se oponía, de acuerdo con seguimientos trimestrales de Heatmap

Una coalición improbable

La resistencia reúne aliados poco habituales. En Kalkaska, Michigan, un republicano ligado al movimiento MAGA se unió a un activista ambiental para frenar un proyecto local. La encuesta del Yale Program on Climate Communication de junio de 2026 muestra la amplitud del rechazo: se opone el 53% de los republicanos conservadores, el 74% de los demócratas liberales y el 58% del total de votantes registrados

La protesta también ganó respaldo sindical y religioso. La presidenta de la AFL-CIO, Liz Shuler, advirtió en una convención reciente que, si aspiran a la presidencia en 2028, los candidatos deben poner a los trabajadores por delante de los algoritmos

Agua, energía y enojo vecinal

Las quejas se repiten en audiencias públicas y reuniones locales: consumo de agua y demanda eléctrica. Un centro de datos mediano puede usar tanta agua como 1.000 hogares. En el oeste del país, donde persisten sequías históricas y acuerdos de emergencia sobre el río Colorado, el tema se volvió especialmente sensible

En Utah, autoridades del condado aprobaron un proyecto de 16.187 hectáreas, el doble de Manhattan, con un consumo eléctrico proyectado superior al de todo el estado. La sesión fue tan tensa que debió continuar de forma remota

En Virginia, donde funciona el mayor polo mundial de centros de datos con más de 660 instalaciones, la aceptación vecinal cayó con rapidez: la proporción de votantes cómodos con tener uno cerca pasó del 70% en marzo de 2023 al 35% en marzo de 2026. En el condado de Prince William, un campus de 850 hectáreas terminó retirado tras años de oposición

La campaña ya tomó nota

En Texas, Ohio, Arizona y Nueva York, candidatos de ambos partidos ya usan el tema en sus campañas. Sherrod Brown, aspirante demócrata al Senado por Ohio, difundió un aviso contra John Husted al presentarlo como la cara de los centros de datos en ese estado. En Texas, Gina Hinojosa describió esos proyectos como un salvaje oeste sin reglas

En Granbury, residentes impulsaron peticiones para remover al alcalde y a concejales tras la anexión de terrenos para un nuevo desarrollo. En Nueva York, la primera moratoria estatal de un año para centros de datos de gran escala encendió otra pelea política

Washington y la industria responden

La Casa Blanca también entró en el conflicto. En diciembre de 2025, Donald Trump firmó una orden ejecutiva para bloquear leyes estatales sobre inteligencia artificial y pidió al Departamento de Justicia impugnarlas. Luego, el 25 de julio de 2026, anunció acuerdos para evitar subas en las tarifas eléctricas, una concesión directa a uno de los principales temores ciudadanos

Desde la industria, el mensaje no ayudó a calmar el malestar. Sam Altman defendió el alto consumo energético de la IA con una comparación con la crianza humana. Alex Karp, de Palantir, lo resumió como una revolución en la que algunas personas pueden perder la cabeza

Mientras tanto, más de la mitad de los proyectos de centros de datos previstos para 2026 están retrasados o cancelados por cuellos de botella en la red eléctrica y por el encarecimiento de componentes importados de China, Corea del Sur y México. La industria avanza, pero el costo político también