Europa vivió entre 1341 y 1343 una secuencia de crecidas excepcionales que, según una nueva reconstrucción histórica y climática, no tuvo paralelo en los últimos siete siglos. Lejos de ser un episodio aislado, la inundación de 1342 formó parte de una cadena de 16 grandes eventos hídricos que golpearon al continente durante casi dos años
Ríos como el Rin, el Danubio, el Meno, el Elba y el Tisza se desbordaron una y otra vez. Hubo puentes destruidos, poblaciones anegadas, rutas comerciales interrumpidas y miles de muertes directas o indirectas por hambre y enfermedad
Una secuencia olvidada
Durante siglos, la atención se concentró casi por completo en la crecida de julio de 1342, conocida por la festividad de ese día. Sin embargo, el nuevo estudio reunió más de mil documentos medievales y mostró que aquel episodio fue solo el más intenso dentro de una serie mucho más amplia
La investigación identifica cuatro inundaciones especialmente extremas, asociadas a celebraciones del calendario litúrgico: la de la Candelaria, la de la Magdalena, la de Santiago y la de Bartolomé. Algunas tuvieron magnitudes comparables a eventos que, estadísticamente, podrían repetirse una vez cada varios siglos
Las crecidas más devastadoras
La inundación de la Candelaria, en febrero de 1342, afectó a Europa occidental y central y arrasó buena parte del histórico Puente de Judita sobre el Moldava, en Praga. Meses después, la de la Magdalena castigó el sur de Alemania y destruyó puentes, molinos y asentamientos a lo largo del Rin y el Meno
Ya en 1343, las crecidas de Santiago y Bartolomé golpearon sobre todo los Alpes septentrionales y los Cárpatos. Entre un evento y otro, el agua no terminaba de retirarse, lo que agravó las condiciones sanitarias y favoreció la expansión de enfermedades transmitidas por el agua
Volcanes, enfriamiento y lluvias persistentes
El estudio propone una combinación de causas para explicar la concentración de inundaciones en tan poco tiempo. Entre 1340 y 1341 se registraron varias erupciones volcánicas, incluidas las del Hekla en Islandia, cuyos aerosoles de azufre habrían enfriado el hemisferio norte
Ese enfriamiento pudo desplazar hacia el sur la corriente en chorro del Atlántico Norte y favorecer sistemas de baja presión más intensos. A eso se suma un posible retroceso del hielo marino ártico en el mar de Barents, factor que habría contribuido a calentar el Atlántico Norte y a reforzar las tormentas
Por qué la memoria conservó solo una
La investigación también explica por qué la inundación de la Magdalena quedó como la referencia principal. En varias ciudades alemanas se instalaron marcas de crecida y placas conmemorativas, algo que no ocurrió con otros episodios, como el de Praga
Además, los registros medievales son desiguales y muchas crónicas trataron las crecidas posteriores como extensiones del mismo desastre. El resultado fue una memoria histórica incompleta de una crisis mucho más amplia
Una advertencia para el presente
Al comparar la secuencia medieval con inundaciones modernas, el trabajo concluye que eventos extremos encadenados de gran magnitud son posibles y que podrían superar la capacidad de respuesta actual
En un contexto de aumento previsto de ciclones y lluvias intensas en Europa, los autores sostienen que la gestión del riesgo hídrico debe contemplar no solo una gran inundación, sino varios episodios severos en rápida sucesión