Un conjunto de huesos de tortuga hallados en islas del Caribe abrió una pista útil para la conservación actual: no todas las especies enfrentan los mismos riesgos ni usan los mismos hábitats. Un estudio basado en restos recuperados en siete sitios arqueológicos de Curaçao y Bonaire propone mirar el pasado para ajustar mejor las estrategias de protección

Una lectura molecular de huesos fragmentados

La investigación, publicada en Journal of Archaeological Science: Reports, aplicó una técnica capaz de identificar especies a partir de proteínas conservadas en fragmentos óseos muy dañados. Eso permitió avanzar sobre piezas erosionadas, quemadas o demasiado pequeñas para su reconocimiento visual

De 87 fragmentos analizados, 37 pudieron asignarse a especies. Entre ellos se identificaron tortuga verde (Chelonia mydas), caguama (Caretta caretta) y carey (Eretmochelys imbricata). Trece muestras correspondieron a tortuga verde, 10 a caguama y dos a carey

El pasado como línea de base

El trabajo usa una idea central en conservación: la línea de base histórica. En términos simples, consiste en comparar el presente con un pasado más amplio para evitar tomar como normal un ecosistema ya degradado

Ese problema se conoce como shifting baseline, o punto de referencia cambiante. Cuando solo se usan datos recientes, los objetivos de recuperación pueden quedar demasiado bajos

El registro revisado por el equipo abarca desde alrededor de 2310 a. C. hasta el siglo XIX, y ofrece una perspectiva mucho más larga que la disponible en censos modernos o conteos recientes

Qué especie presionó más y cuál se recupera

Entre los hallazgos más llamativos, la tortuga verde aparece como la especie más cazada en el pasado y, al mismo tiempo, como una de las que hoy da señales de recuperación. La caguama también tuvo una presencia importante en los restos, aunque actualmente es menos común en esas islas

La autora principal, Christine Conlan, explicó que no conviene tratar a todas las tortugas marinas como si respondieran igual a las mismas amenazas. Según señaló, lo que afecta a un carey puede ser muy distinto de lo que impacta a una tortuga verde

La elección de una especie sobre otra pudo depender de su abundancia o de su valor alimentario. En el caso de la caguama, el estudio plantea que su presencia pudo estar ligada a zonas con caracol reina, un recurso que desapareció localmente

Protección a medida para cada especie

El trabajo también subraya que cada tortuga usa ambientes distintos. El carey depende más de los arrecifes de coral, la tortuga verde se alimenta en praderas marinas y la caguama se mueve en ambientes más variados

Ese detalle importa al definir medidas concretas: iluminación de playas, vigilancia de nidos, tránsito turístico, construcción en la costa y captura incidental en redes o palangres no afectan de la misma forma a todas las especies

La investigación sostiene además que existe evidencia de anidación de largo plazo en Curaçao y Bonaire. De acuerdo con los autores, desde al menos el año 1040 d. C. hubo anidación de tortuga verde, carey y caguama en la zona

Para los investigadores, el objetivo no es reconstruir con exactitud el Caribe de hace miles de años, sino usar esa memoria biológica para orientar decisiones más finas sobre protección de playas, restauración de hábitats y límites al desarrollo costero