Cyanoramphus malherbi, el periquito maorí sontano endémico de Nueva Zelanda, figura entre los loros más amenazados del mundo. Con unos 450 ejemplares estimados en libertad y dos declaraciones previas de extinción, su supervivencia depende en gran medida de los programas de reproducción en cautividad
En ese escenario, una pareja identificada como Nacho y Trixie consiguió criar 55 polluelos en menos de dos años, 33 de ellos en una sola temporada. El dato sobresale dentro de una especie clasificada como críticamente amenazada por la UICN, el nivel más alto de riesgo antes de desaparecer
Una reproducción fuera de escala
El resultado de esta pareja no tiene precedentes para los estándares de la especie. Ambos permanecen juntos desde 2024 y Trixie siguió poniendo huevos incluso después de que terminara la temporada de cría, con una última puesta de siete polluelos
En libertad, estos periquitos dependen de episodios de fructificación masiva en los bosques de hayas de la Isla Sur. Cuando las semillas abundan, se reproducen; cuando escasean, muchas parejas abandonan la anidación tras la primera puesta
La dieta cambió las reglas
La clave de su éxito está en la alimentación. En centros de cría, estas aves reciben una dieta variada con semillas, frutos secos y fruta, además de la proteína necesaria para sostener ciclos reproductivos más largos
En el medio silvestre, en cambio, las semillas de haya actúan como detonante reproductivo. Por eso, los cuidadores limitan las semillas de haya durante la temporada de cría para acercar el manejo a las condiciones naturales y evitar desequilibrios, como una mayor proporción de polluelos machos asociada al exceso de proteína
Genética bajo control
El éxito reproductivo no resuelve el problema de fondo: la baja diversidad genética. La endogamia representa una amenaza seria para poblaciones tan pequeñas, porque reduce la vitalidad y la capacidad de adaptación de la descendencia
Para enfrentar ese riesgo, el programa mantiene registros individuales de cada ave, cuenta con asesoramiento genético especializado y aplica pruebas genómicas a todos los polluelos. Además, incorpora huevos procedentes de poblaciones silvestres y traslada juveniles criados en cautividad para reforzar grupos aislados
Elegir pareja y sobrevivir fuera del nido
La selección de pareja también sigue criterios técnicos. Las aves se agrupan en aviarios y los cuidadores observan cuáles se emparejan. Algunas son muy selectivas, aunque una vez formadas muchas parejas permanecen unidas de por vida
El tramo más delicado llega después: manipular demasiado a los polluelos puede ser letal y la supervivencia de los juveniles cae alrededor de los tres meses tras abandonar el nido. En el caso de Nacho y Trixie, las crías resultaron más grandes de lo habitual, un rasgo que puede mejorar su supervivencia futura
El objetivo final es que las poblaciones silvestres puedan sostenerse por sí mismas sin depender de la cría en cautividad