Para las mujeres guaraníes de Yariguarenda, cuidar las Yungas equivale a cuidar la propia vida. En esta comunidad del norte de Salta, la conservación del monte no aparece solo como una causa ambiental, sino también como una base para sostener el futuro, la identidad y la economía local
Yariguarenda está sobre la Ruta Nacional 34, a unos 13 kilómetros de Tartagal y cerca de la frontera con Bolivia. La comunidad, reconocida jurídicamente desde 2003, reúne entre 50 y 60 familias y organizó una agenda propia centrada en la biodiversidad, la resiliencia territorial y el trabajo colectivo
Conservar el monte para sostener la comunidad
La propuesta combina turismo rural comunitario, producción agroecológica y rescate cultural. Desde esa lógica, el monte no se entiende como un recurso ajeno, sino como parte de una relación de pertenencia y reciprocidad que ordena la vida cotidiana
En ese marco, las mujeres de la comunidad lideran iniciativas que buscan generar ingresos sin romper el equilibrio con el ambiente. El senderismo, la interpretación ambiental, la gastronomía tradicional y la venta de frutas, verduras y plantas aromáticas forman parte de esa estrategia
Una respuesta al avance de la crisis climática
El cambio climático, la deforestación y los incendios afectan de manera directa al norte argentino. En Yariguarenda, la respuesta local se apoya en prácticas que combinan saberes ancestrales y organización comunitaria para proteger bosques, agua y especies nativas
La comunidad informó el registro y monitoreo de más de 160 especies de aves y árboles nativos. Entre las preocupaciones aparecen el cedro, un árbol central para el monte, y el guacamayo verde, una especie amenazada con una población muy reducida en la zona
También se observan aves y animales que modifican su presencia y comportamiento a medida que avanza la presión sobre el hábitat. La charata, por ejemplo, se adapta a cambios vinculados con la deforestación y el uso intensivo del suelo en áreas cercanas
Turismo comunitario con raíz cultural
La experiencia turística en Yariguarenda busca acercar a los visitantes al bosque desde una perspectiva cultural y ancestral. El recorrido incluye senderos, relatos sobre el territorio, especies medicinales y referencias a los cantos de las aves, que forman parte del conocimiento transmitido entre generaciones
Para la comunidad, abrir el territorio no significa separarlo de su sentido original, sino compartirlo desde una forma de vida que reconoce al monte como un espacio vivo y común. La consigna es clara: no se trata de ser dueños de la tierra, sino de formar parte de ella
La miel como trabajo y cuidado
Otro de los proyectos en marcha es la apicultura, impulsada desde hace tres años y sostenida en gran medida por mujeres de la comunidad. La miel que producen es multifloral y se obtiene a partir del néctar de distintas especies del bosque, con un ligado directamente a la flora local
El proceso incluye cuidados específicos durante el invierno para sostener a las abejas cuando escasea la floración. La producción busca mantener una lógica orgánica y comunitaria, con un producto que une economía, biodiversidad y continuidad cultural
Un territorio con valor regional
Las Yungas forman parte de uno de los ecosistemas más biodiversos de la Argentina y de Sudamérica. Su preservación resulta clave por la cantidad de especies que alberga y por su papel estratégico dentro del Gran Chaco Americano, un territorio atravesado por tensiones entre conservación, producción y cambio de uso del suelo
En Yariguarenda, la apuesta es mostrar que proteger el bosque puede ser también una forma de desarrollar la comunidad. La experiencia de las mujeres guaraníes resume esa idea: conservar, producir y transmitir identidad al mismo tiempo