Una circular del Banco Central, emitida el 16 de mayo de 1968, levantó la prohibición de otorgar préstamos para adquirir bienes considerados superfluos. Hasta entonces, las entidades financieras solo podían financiar consumos definidos como esenciales
La medida plantea una pregunta de fondo: ¿es posible orientar el crédito, especialmente cuando existe racionamiento, para impedir que se destine a fines considerados inconvenientes?
El economista alemán Heinrich Thomas Laubach (1965-2020) dedicó buena parte de su carrera al estudio de la política monetaria. Se formó en las universidades de Bonn y Princeton, donde fue dirigido por Benjamin Bernanke
También enseñó en Frankfurt, trabajó en la Reserva Federal de Kansas y luego se incorporó a la división de investigaciones y estadísticas de la Reserva Federal, en Washington. Al morir, estaba al frente de la División de Asuntos Monetarios
Desde 2008, además, se desempeñaba como profesor investigador del Deutsche Bundesbank
Junto con John Williams desarrolló el modelo Laubach-Williams, conocido como R-star, destinado a estimar la tasa natural de interés a partir de la evolución tendencial del producto bruto interno y mediante el filtro de Kalman. El trabajo se vinculó con la regla monetaria de John Taylor y fue ampliado en 2017 por Kathryn Holston, por lo que luego pasó a denominarse HLW R-star
Una de las conclusiones asociadas con esa investigación es que la tasa natural de interés real viene descendiendo desde hace cuatro décadas y se ubicó cerca de cero después de la crisis financiera global de 2008
El problema de controlar el destino del dinero
La fiscalización administrativa del crédito suele fracasar porque los billetes son intercambiables. Una historia ayuda a entenderlo
En un país imaginario, las autoridades exigían que los préstamos se usaran exactamente para el fin declarado en formularios firmados bajo juramento. Entre los destinos autorizados aparecía incluso una categoría llamada “fondos para almorzar”
Para verificar el cumplimiento, un empleado anotaba los números de todos los billetes entregados al solicitante. Otro lo acompañaba hasta el restaurante y comprobaba que la cuenta se pagara con ese dinero. Después, elaboraba un acta que certificaba el uso correcto del préstamo
Sin embargo, la pregunta relevante era otra: ¿qué habría hecho esa persona si el banco no le hubiera concedido el crédito? No habría dejado de comer. Habría pagado el almuerzo con recursos que, de otro modo, habría utilizado para comprar algún bien menos importante
Por eso, aunque el préstamo se haya aplicado formalmente al consumo autorizado, en términos económicos pudo haber financiado aquello que quedó desplazado. De allí surge la idea de que el crédito termina sosteniendo el gasto menos esencial
Empresas, sustituciones y decisiones conectadas
El mismo razonamiento puede trasladarse a una empresa que pide dinero para reponer maquinaria. Es posible que el financiamiento sea indispensable para mantener su actividad, pero también cabe preguntarse qué ocurriría si no lo obtuviera. Si la falta de crédito llevara a la empresa a la quiebra, el préstamo sería decisivo para su supervivencia
La cuestión muestra que las decisiones económicas no se toman en compartimentos aislados. Para las personas y las empresas, los bienes mantienen relaciones de sustitución y complementariedad. Esas relaciones no son propiedades inmutables de los objetos, sino vínculos que dependen de las decisiones humanas
Un partido de fútbol por televisión y una novela, por ejemplo, no parecen bienes sustitutos. Pero si se interrumpe la transmisión, alguien puede optar por volver a leer un libro que tenía a mano. La elección modifica la relación entre ambos consumos
Competencia, monopolios y precios
El principio también sirve para analizar el poder de los oferentes. Incluso un monopolista enfrenta un límite: si los consumidores pueden evitarlo con facilidad, su capacidad para aumentar el precio disminuye. El margen entre el valor que cobra un único productor y el que surgiría con competidores depende, en buena medida, de las alternativas disponibles para la demanda
Por eso resulta difícil imponer un precio único para el café en una calle con numerosos bares que compiten entre sí. Aunque cada local tenga cierta ventaja, los clientes pueden cambiar de establecimiento si consideran excesivo el precio
La ilusión de las cuotas sin interés
En una economía inflacionaria, las ventas en doce cuotas “sin interés” requieren comparar el valor de cada pago, la cantidad de cuotas y el momento en que se abonan con el precio real de contado
La tasa implícita aparece cuando el total financiado supera el valor que tendría el producto pagado de inmediato. Algunos vendedores directamente no ofrecen una alternativa genuina de contado o fijan para ella un importe equivalente al total de las cuotas
Presentar la operación como “sin interés” no elimina el costo financiero. Solo lo vuelve menos visible al impedir que el consumidor compare con un verdadero precio de contado