José Juan trabaja junto a su padre en una pyme industrial de Burgos, España, dedicada a producir pellets para alimentos de animales a partir de la paja que queda tras las cosechas. Ingeniero y con experiencia en grandes grupos empresariales, decidió mirar hacia afuera y explorar el mercado internacional para ampliar el alcance de la compañía
Para eso creó una web de la empresa en inglés. Su padre dudaba de la iniciativa y prefería concentrarse en el mercado interno. Aun así, José Juan siguió adelante. Poco después llegó un pedido de una firma alemana que, en un primer momento, parecía destinado a un país árabe y por 20.000 kilos de producto
El trámite era complejo y su padre estuvo cerca de frenar la operación. Pero al revisar mejor la solicitud, José Juan advirtió que no se trataba de 20.000 kilos sino de 20.000 toneladas. La cantidad equivalía a la producción anual de la planta y amenazaba con dejar afuera a los clientes ya existentes. El negocio quedó al borde de perderse
Del rival al socio
La diferencia estaba en la manera de mirar el mercado. Mientras su padre venía de una cultura más competitiva, José Juan se formó con una visión sistémica, en la que la colaboración no era solo una idea ética, sino una herramienta de gestión. Esa mirada la llevó también a su trabajo en el grupo multinacional Bekaert y luego a impulsar proyectos de simbiosis industrial y parques industriales sostenibles
Con esa lógica decidió llamar a los competidores que podían completar el pedido. Al principio encontró dudas y desconfianza. Luego propuso reuniones, explicó la operación y acordó reglas claras. Así, entre aportes de distintos actores, fueron sumando toneladas hasta llegar al total requerido
El embarque salió finalmente desde el puerto de Santander. El pedido se cumplió y los antiguos rivales celebraron juntos. Al día siguiente, cada uno volvió a su empresa para seguir compitiendo, pero ya con otra relación entre sí: la de colegas atentos a nuevas oportunidades
La cooperación también protege
La experiencia volvió a repetirse en 2023, cuando un incendio afectó un sector de la planta y complicó la continuidad operativa. En esa emergencia, los primeros en acercarse para ayudar fueron justamente esos mismos competidores
El caso muestra que un enfoque colaborativo puede crear valor, reducir costos, limitar impactos negativos y ampliar la capacidad de innovar. En lugar de pensar solo cómo desplazar al otro, la lógica cambia hacia cómo potenciar la actividad con otros actores
Economía digital y nuevo paradigma
Ese cambio no solo responde a una filosofía de trabajo. También se apoya en la transformación tecnológica de los últimos años. Internet permitió nuevas formas de intercambio, comunicación y organización en red, y dio lugar a negocios y plataformas con base colaborativa
Desde herramientas de uso cotidiano hasta servicios para alojamiento, transporte, comercio, inversión o finanzas, gran parte de la actividad actual se apoya en sistemas que nacen de esa lógica. La competencia seguirá existiendo, pero cada vez dependerá más de la capacidad de cooperar antes de competir
En ese escenario, empresas, directivos, inversores y también actores públicos tendrán que entender que la mayor competitividad no surge de destruir valor ajeno, sino de combinar innovación, tecnología y colaboración para abrir oportunidades que el aislamiento dejaría cerradas