La crisis de Ceuta comenzó como un conflicto geopolítico. Marruecos aprovechó la debilidad nacional e internacional del Gobierno español y organizó, alentó o toleró la entrada de casi 80.000 personas en la ciudad para demostrar el alcance de su capacidad de presión
Más tarde, cuando la mayoría de quienes habían ingresado ya había salido, el episodio se transformó en una crisis migratoria aún no resuelta. La situación se agravó por la falta de una respuesta inmediata y contundente del Gobierno español, cuyo presidente permaneció de vacaciones durante semanas en lugar de trasladarse a Ceuta junto con su gabinete
Una respuesta que no puede basarse en la demonización
El conflicto también fue utilizado por sectores nacionalpopulistas para presentar a la migración como la causa de todos los problemas del país. Esa interpretación es falsa. Existen, al menos, tres razones centrales para defender una política de acogida
Una obligación moral
El deber de ayudar a quienes sufren forma parte de las tradiciones éticas y religiosas de numerosas civilizaciones. Sin embargo, miles de personas continúan muriendo cada año al intentar llegar a las costas españolas. Entre enero y mayo de 2026, la cifra superó las 1.313 víctimas
Mientras no se utilicen todos los medios disponibles para evitar esas muertes, la sociedad y sus gobiernos seguirán teniendo una responsabilidad directa. Acoger a quienes buscan una vida mejor también implica no aceptar la indiferencia frente a esa tragedia
Un aporte decisivo a la economía
La economía española se encuentra entre las que más crecen en Europa, aunque ese avance todavía no se refleja de manera suficiente en la vida cotidiana de muchas personas. Según los economistas, la migración es uno de los cuatro pilares de esa evolución, junto con el turismo, los fondos Next Generation y el bajo precio de la energía
La mayoría de los migrantes ocupa puestos de trabajo subalternos, pero ese dato no invalida su contribución. Por el contrario, muestra la importancia que tienen para el funcionamiento de distintos sectores. Expulsarlos tendría consecuencias económicas graves para el país
Una Europa fortalecida por la diversidad
Europa se construyó sobre una combinación de razón y revelación, pero su historia no puede reducirse a una identidad blanca y cristiana. El continente ha alcanzado algunos de sus mejores momentos cuando fue capaz de incorporar nuevas culturas, tradiciones, lenguas y formas de entender el mundo
La pureza cultural no produce vitalidad. El intercambio, en cambio, permite transformar y fortalecer las sociedades. Una Europa cerrada sobre una supuesta homogeneidad no representa un ideal, sino una amenaza para su propio futuro
Una solución ordenada para Ceuta
Defender la acogida no significa justificar lo ocurrido en Ceuta. Una ciudad de 80.000 habitantes no puede recibir de golpe a más de 70.000 personas, ni siquiera a las entre 8.000 y 10.000 que permanecían allí al momento de este análisis, sin afrontar un riesgo serio de conflicto social
La emergencia de Ceuta debe resolverse con rapidez y responsabilidad. Pero, más allá de ese caso, permanece una conclusión fundamental: España necesita a los migrantes tanto como ellos necesitan a España, y posiblemente aún más