La historia conoce más de una venganza irónica: quienes creen controlar el destino pueden terminar aplastados por sus propias certezas

Girolamo Savonarola, fraile dominico del siglo XV, llegó a presentarse como una figura de autoridad moral. Desde esa posición condenó libros, herejías y herejes, convencido de distinguir con claridad entre el bien y el mal

La fuerza de la condena

Su prédica encontró el respaldo de una multitud de fieles. Con un discurso furioso y definitivo, atacó a quienes no compartían su fe o rechazaban sus condenas

Savonarola también impulsó la llamada hoguera de las vanidades, donde se quemaba aquello que consideraba pecaminoso. Su cruzada se presentaba como una purificación, pero terminó asociando su nombre con la barbarie que decía combatir

El descenso

Con el tiempo perdió popularidad. La incapacidad para demostrar los milagros que anunciaba debilitó su autoridad y abrió el camino hacia su caída

El hombre que tantas veces había encendido hogueras acabó en una de ellas. La ironía no necesita metáforas: la condena que había aplicado a otros terminó alcanzándolo