Tres años después del ataque del 7 de octubre en Israel, el impacto de aquella jornada permanece atravesado por el dolor, el temor y la incertidumbre. Más de 1200 personas fueron asesinadas en una ofensiva atribuida a Hamas, entre ellas hombres, mujeres, ancianos, niños y bebés. También se denunciaron torturas, violaciones, secuestros y profanaciones

La dimensión del ataque y la respuesta posterior despertaron el temor de que el conflicto derivara en una escalada internacional de consecuencias imprevisibles, incluso con riesgo de una guerra mundial y nuclear. Frente a ese escenario, se planteó que Israel debía responder con firmeza, pero sin convertir la represalia en una aplicación de la ley del talión

Una guerra que profundizó el sufrimiento

Con el paso del tiempo, al dolor provocado por la masacre se sumó la muerte de miles de palestinos no combatientes durante la guerra en Gaza. Hombres, mujeres, ancianos, niños y bebés quedaron entre las víctimas de un conflicto que, lejos de contener los odios, los llevó a niveles que podrían marcar a varias generaciones

La posibilidad de una salida política se volvió cada vez más distante. La influencia de Rusia, Irán y Estados Unidos, junto con el aumento de los episodios de odio en Europa, alimentan el temor de que la violencia iniciada el 7 de octubre se transforme en el comienzo de una crisis más amplia

La idea de una contención internacional, respaldada por Naciones Unidas y por los principales países occidentales, aparece como una alternativa que pudo haber limitado la escalada. También se plantea la necesidad de una presencia internacional permanente y profesional en la zona de conflicto

La devastación de Gaza y la respuesta israelí

Israel sostiene que no buscó la guerra, sino que reaccionó al ataque. En Gaza, sus fuerzas habrían encontrado una extensa infraestructura militar construida durante los años posteriores a la retirada israelí del territorio: túneles, depósitos de armas instalados en edificios civiles y una organización orientada a la confrontación

La ofensiva israelí causó la muerte de unos 30.000 combatientes de Hamas, según el planteo analizado, pero también provocó la muerte de miles de civiles. Esa combinación resume la tragedia de una guerra prolongada, en la que la población quedó atrapada entre la acción de Hamas y la respuesta militar israelí

Una posible salida política para Israel

Una salida no equivale a una solución definitiva, pero puede representar un primer acto de responsabilidad. En ese sentido, se plantea que el electorado israelí podría elegir un nuevo gobierno el próximo 27 de octubre

Ese eventual gobierno debería impulsar una comisión de la verdad que investigue de manera detallada e imparcial la conducta del ejército en Gaza. También debería respaldar una eventual comisión internacional para la reconstrucción del territorio, siempre que Hamas quede excluido de su conducción

Otra posibilidad, hoy considerada lejana, sería abrir un diálogo que condujera con el tiempo a la creación de un Estado palestino capaz de coexistir pacíficamente con Israel

El desafío permanente del antisemitismo

Para el pueblo judío, dentro y fuera de Israel, el escenario exige realismo. La expectativa de que el Holocausto hubiera marcado el final del antisemitismo resultó equivocada. La hostilidad contra los judíos sobrevivió a la muerte de seis millones de personas y volvió a manifestarse después del 7 de octubre

El antisemitismo es presentado como un odio antiguo, arraigado en una parte de la humanidad. Precisamente por eso, la respuesta debe consistir en combatirlo en todos los lugares y en todo momento, sin abandonar la búsqueda de una salida política para la región