El Senado empezó a mostrar con más claridad el costo político del vínculo entre la Casa Rosada y las provincias. Varios proyectos impulsados por el oficialismo quedaron trabados en comisiones o directamente sin giro desde Diputados, en un clima donde los apoyos ya no se descuentan como antes

La ausencia de Victoria Villarruel en la conducción del debate dejó más peso en Patricia Bullrich y en Diego Santilli, pero esa combinación ya no alcanza para ordenar una cámara atravesada por cambios de clima, internas y nuevas exigencias de los bloques que hasta hace poco acompañaban

Bloqueos cruzados

Entre las iniciativas frenadas aparecen Super RIGI, la reforma de salud mental, la reforma electoral, la eliminación de las PASO, la ley Hojarasca, la ley de sociedades y la ley de carbono. También siguen sin moverse en el Senado la ley de Inocencia fiscal II y la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, pese a haber obtenido media sanción en Diputados

El caso de Super RIGI expuso el nuevo escenario. Maximiliano Abad, Martín Goerling y Carlos Espínola pidieron cambios para precisar el criterio de “precio/calidad” y evitar ventajas automáticas para la importación. La respuesta de Bullrich fue tajante: si el proyecto seguía complicándose, prefería sostener solo el RIGI

Algo similar ocurrió con la reforma de la Ley de Salud Mental. Aunque el oficialismo buscó darle una salida rápida, el avance quedó frenado con el aval tácito de otros espacios, mientras el peronismo insistió en introducir observaciones al texto

También la reforma electoral quedó en pausa. Pese al anuncio de que volvería al debate parlamentario, no hubo convocatoria a comisión. En el entorno legislativo leen ese freno como parte de una relación de fuerzas que cambió, no solo por la resistencia opositora, sino por las tensiones dentro del propio oficialismo y por la mayor cautela de los gobernadores en un año electoral

Internas y nuevas lealtades

Las fracturas no se limitan a la oposición. En el peronismo, las diferencias se hicieron visibles en votaciones recientes, como ocurrió con los pliegos judiciales y con debates sobre carbono y biocombustibles. Pero el oficialismo tampoco quedó al margen de sus propias disputas

Patricia Bullrich genera desconfianza en sectores de la Casa Rosada, con Karina Milei como una de las principales referencias de ese recelo. En ese tablero también gana espacio Nadia Márquez, señalada como una figura clave del entorno libertario en la Cámara alta

A eso se suman otros movimientos internos, como el pedido de Ivanna Arrascaeta para cambiar la dinámica de trabajo con reuniones de asesores, y la jugada de Agustín Monteverde, que convocó una comisión en su despacho e intentó firmar Super RIGI sobre una hoja en blanco

El escenario dejó de ser el que el oficialismo esperaba. Con las provincias pensando ya en 2027 y La Libertad Avanza avanzando en la definición de candidaturas, el respaldo de varios legisladores locales quedó mucho más condicionado. En el Senado, la gobernabilidad empezó a depender menos de la disciplina y más del costo que cada voto está dispuesto a asumir