NAVAS DEL REY, España. El agua del Embalse San Juan se volvió verde después de los incendios forestales. La materia orgánica se descompone, el pantano perdió transparencia y la ceniza amenaza con mezclarse con el agua destinada al consumo

A pocos kilómetros de Madrid, las laderas quedaron negras y un foco seguía activo semanas después del fuego. El incendio se unió con otros registrados en Ávila y Toledo y formó un megaincendio que arrasó montes y sierras

El fuego también entra por las casas

En Navas del Rey, la distancia entre una vivienda a salvo y otra destruida podía ser de unos pocos metros. El rastrojo acumulado en un terreno vecino y la falta de limpieza determinaron, en algunos casos, hasta dónde avanzaron las llamas

El fuego alcanzó viviendas, naves industriales y vehículos. En algunas casas, entró por la vegetación seca y continuó por las cortinas. Después quedaron árboles carbonizados, ramas sin hojas y construcciones reducidas a restos

La lluvia del otoño podía aliviar la sequía, pero también arrastrar cenizas hacia el agua. Los animales enfrentaron un problema similar: los venados bajaron a las urbanizaciones porque ya no encontraban dónde beber, mientras los centros de rescate recibían miles de ejemplares afectados

Calor extremo y territorio abandonado

España y otros países europeos atravesaron durante siglos períodos de sequía. Lo que cambió con mayor intensidad desde la década de 1970 fue el calor: las olas son más largas, más intensas y más frecuentes

El clima, sin embargo, no explica por sí solo la magnitud de los incendios. Alrededor del 40% se produce por negligencia o de manera intencional, según las autoridades españolas. En algunas zonas también existen sospechas vecinales de tala ilegal

La despoblación rural aparece asociada a una mayor superficie quemada, aunque ese vínculo no demuestra por sí mismo una relación causal. Mientras el campo pierde habitantes, las ciudades concentran población y acumulan una fuerte demanda de viviendas

En España faltan unas 750.000 viviendas, mientras existen 3,8 millones de casas vacías. Casi la mitad de esas viviendas desocupadas se encuentra en pueblos de menos de 10.000 habitantes

Una paradoja que también alcanza a la Patagonia

La temporada 2025-2026 fue la peor de las últimas seis décadas en la Patagonia. Solo en Chubut ardieron más de 60.000 hectáreas de bosque nativo, diez veces más que la superficie que la provincia suele perder en un año normal

En El Bolsón, siete de los últimos diez veranos fueron más secos que el promedio. Durante 2024-2025 hubo 28 días con temperaturas superiores a 30 grados. En la última década, los grandes incendios de la comarca andina destruyeron más de 930 viviendas

La dinámica territorial es distinta a la española: mientras allí el fuego avanza sobre pueblos que se vacían, en la Patagonia se extiende sobre localidades que crecen. La superficie urbana de la comarca aumentó más del 63% entre 2000 y 2022, con casas, cabañas y loteos instalados junto al bosque

Nueve de los doce grandes incendios de la última década comenzaron o se expandieron en barrios cercanos a la vegetación. A eso se suman unas 14.000 hectáreas de pinos exóticos, que arden con rapidez y avanzan sobre las áreas quemadas antes que las lengas, los cipreses y los alerces

La recuperación del bosque puede demorar entre 100 y 200 años. Parques Nacionales cuenta con unos 400 brigadistas, frente a una necesidad estimada de al menos 700

Una diferencia mínima en medio de la destrucción

En Navas del Rey, una vecina dejó agua a los venados cuando pudo. Su hijo también encontró un carnero agonizando, lo llevó a su casa y lo cuidó hasta que se recuperó. Después, la Guardia Civil se hizo cargo del animal

En un territorio expuesto al abandono, la ayuda de una persona no detiene un incendio ni resuelve la falta de viviendas. Pero puede marcar la diferencia entre la pérdida y la supervivencia