Cada vez más objetos incorporan inteligencia artificial, y los juguetes no quedaron afuera. En la previa del Día del Niño, aparecen en el mercado robots interactivos, peluches que conversan y otros accesorios que prometen hablar, contar historias simples y acompañar a los chicos con respuestas en tiempo real
Entre los modelos que ganan visibilidad figuran Gabbo y Chattybear. El primero es un muñeco con un chatbot activado por voz; el segundo, una versión similar en formato de osito. Sus fabricantes los presentan como propuestas pensadas para estimular el juego y la charla en niños mayores de 3 años
Un recurso que todavía genera dudas
La discusión no pasa solo por la novedad del producto, sino por su efecto en edades muy tempranas. Hay pocos estudios sobre el impacto de estos juguetes en la primera infancia y, según una investigación exploratoria sobre Gabbo, varios padres reportaron dificultades en la interacción de sus hijos con el muñeco
Los problemas más repetidos fueron respuestas fuera de tiempo, interrupciones mal interpretadas, dificultad para distinguir voces infantiles de adultas y contestaciones poco adecuadas ante expresiones afectivas. En ese punto, las especialistas consultadas coinciden en que la tecnología aún no alcanza para sostener una interacción sensible y realmente adaptada a un niño pequeño
Juego simbólico versus respuesta automática
La pediatra Silvina Pedrouzo explica que, en la primera infancia, el chico todavía está aprendiendo a diferenciar realidad, fantasía, apariencia e intención. Por eso, un juguete que responde por sí mismo puede ocupar un lugar ambiguo: parece compañero, pero también introduce contenidos y decisiones que no nacen del niño
La psicóloga Clara Raznoszczyk Schejtman marca una diferencia central con el peluche tradicional. En el juego clásico, el niño presta su voz, imagina y organiza la historia. En cambio, cuando el muñeco contesta de manera autónoma, el algoritmo interfiere en ese despliegue creativo y devuelve una respuesta ya armada
Por eso, ambas especialistas desaconsejan estos dispositivos como recurso cotidiano, autónomo o emocionalmente relevante en niños pequeños. También recomiendan no usarlos para dormir, calmar angustias o reemplazar la presencia adulta
Riesgos de un vínculo confuso
La investigación sobre Gabbo advierte que este tipo de juguetes puede llevar a relaciones afectivas unilaterales, en las que el niño deposita confianza y búsqueda de consuelo en un objeto que no tiene vida interior. Además, plantea la necesidad de supervisión adulta y de revisar con atención las políticas de privacidad
Emily Goodacre, coautora del estudio, señaló que estos sistemas podrían interpretar mal emociones o responder de forma inapropiada, dejando al niño sin contención real. En una de las pruebas, ante la frase “estoy triste”, el muñeco respondió con una salida evasiva y cambió de tema, en lugar de acompañar el estado emocional del chico
Qué recomiendan para la crianza
Las especialistas insisten en que el desarrollo infantil necesita experiencias concretas: juego libre, movimiento, descanso, exploración, conversación y vínculo con otras personas. En esa línea, el llamado “baño de lenguaje” no consiste en repetir palabras sin más, sino en acompañar lo que el niño vive con palabras, gestos, escucha y atención compartida
Unicef también advierte que los sistemas dirigidos a niños deben garantizar seguridad, privacidad, transparencia y protección del bienestar. En esa lógica, los llamados “compañeros de IA” no deberían presentarse como sustitutos de la contención, el consuelo ni la compañía humana
La conclusión de fondo es prudente: un juguete con inteligencia artificial puede resultar llamativo, pero no reemplaza el valor de una presencia adulta, del juego imaginado por el niño ni de esas experiencias simples que construyen su mundo emocional