Mientras aumentan las advertencias sobre los posibles riesgos extremos de la inteligencia artificial, también gana fuerza una preocupación más cotidiana: que las personas dejen de ejercitar su propio pensamiento

Belén Ortega, empresaria especializada en IA y autora de Human/IA. La IA tiene alma y es el ser humano, define este fenómeno como “sedentarismo cognitivo”. La comparación con la falta de actividad física es directa: así como el cuerpo pierde capacidades cuando no se mueve, la mente puede debilitarse si delega de manera constante la memoria, la creatividad, el análisis y la resolución de problemas

Una dependencia que puede homogeneizar las ideas

La especialista sostiene que el avance de estas herramientas podría ampliar una brecha que no sería únicamente económica, sino también intelectual. A su entender, quienes entreguen por completo su criterio a un sistema automatizado corren el riesgo de perder independencia para formular ideas y tomar decisiones

Un estudio de la Universidad de Toronto difundido en 2024 señaló que los grandes modelos de lenguaje y otras herramientas generativas pueden favorecer resultados más rápidos, pero también producir ideas más parecidas entre sí y menos innovadoras. Según esa investigación, el uso prolongado de estos sistemas podría afectar la creatividad y el pensamiento autónomo

Qué tareas conviene delegar y cuáles no

Ortega recomienda distinguir entre actividades repetitivas y aquellas que exigen criterio humano. Para las primeras, considera útil recurrir a la IA y ahorrar tiempo. En cambio, cuando entran en juego las emociones, la estrategia, el pensamiento crítico o los vínculos personales, propone utilizarla como apoyo, no como autoridad final

La decisión, remarca, debe permanecer en manos de la persona. La IA puede ofrecer alternativas, ordenar información o presentar distintos puntos de vista, pero no reemplaza la responsabilidad de elegir

Para reducir errores y respuestas inventadas, aconseja asignarle un rol preciso, pedirle que no complete los vacíos con información falsa y solicitarle las preguntas necesarias antes de elaborar una respuesta. De esa manera, el usuario puede obtener un resultado más ajustado al objetivo que busca

La humanidad como ventaja profesional

Ortega llegó al mundo de la inteligencia artificial después de trabajar varios años en un banco y emprender, en 2014, una agencia de asistentes virtuales llamada “Asistente online”. La iniciativa surgió, en parte, a partir de la búsqueda laboral de su madre y de su propia decisión de no resignar su costado humano para progresar profesionalmente

Su libro plantea que el cambio decisivo no ocurre solamente en las máquinas, sino en las personas que deben aprender a convivir con ellas. En ese escenario, el criterio, la comunicación, la creatividad y la capacidad de adaptarse adquieren un valor central

La especialista considera que comunicar será una de las habilidades más importantes, junto con el pensamiento crítico, la creatividad y la estrategia. La IA puede detectar patrones y responder a instrucciones, pero no define por sí misma un propósito ni comprende de manera autónoma hacia dónde debería dirigirse una persona o un proyecto

Tres capacidades para el trabajo que viene

Para Ortega, el futuro laboral requerirá combinar el conocimiento práctico de la IA con otras tres áreas. La primera es saber plantear desafíos y supervisar las respuestas de los modelos. La segunda es desarrollar una comunicación estratégica con personas y sistemas. La tercera consiste en identificar el propio propósito: aquello que cada individuo sabe hacer, disfruta y puede ofrecer

En lugar de perseguir una herramienta específica por moda, sugiere organizar el uso de la tecnología en tres funciones. Un asistente puede resolver tareas diarias; otro, ejecutar acciones; y un tercero, diseñar soluciones más complejas, incluso aplicaciones creadas a partir de instrucciones. A ese esquema se pueden sumar herramientas puntuales para transcribir audios o estudiar

Cómo empezar a usar IA sin perder autonomía

Para quienes recién se acercan a estas herramientas, Ortega propone comenzar con preguntas que ayuden a identificar fortalezas y debilidades personales y profesionales. También recomienda usar la IA para explorar intereses y objetivos, pero sin aceptar sus respuestas de manera automática

La clave, según su enfoque, es convertir el criterio en un hábito: revisar cuánto se delega, qué tareas todavía se realizan de manera independiente y qué decisiones requieren una mirada propia. En un mundo con respuestas disponibles de inmediato, la capacidad de preguntarse, cuestionar y elegir seguirá siendo esencial